PERROS CALLEJEROS.
En Salamanca hay un barrio que se caracteriza por la vida cultural que hay en él. Es el Barrio del Oeste. Empezaron cubriendo troncos de los árboles con macramé.
Es un barrio producto del crecimiento desmesurado y feroz de ciertas épocas, sin equipamientos básicos, sin parques ni jardines, sin apenas sitio para que los niños puedan jugar.
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El único monumento del barrio. |
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Jardineras |
Desde hace unos años, 2010 o 2011, el barrio se va convirtiendo en un museo de arte callejero, como Malasaña en Madrid, y cada vez son más las fachadas, las puertas de garaje y los cierres de las tiendas que se presentan al público como obras artísticas.
Su núcleo, la Plaza del Oeste, se convierte de cuando en cuando, y de forma permanente, en un lugar de exposición y de encuentro.
La última exposición que vi, al aire libre, en la propia plaza, era un conjunto de perros de distintas razas realizados en metal. De ahí el título de perros callejeros.
De entre todos los perros reconocí uno, un perro que por enfermedad había perdido el movimiento en las patas traseras, que alguien recogió y que se molestó en hacerle un soporte con ruedas que le permitiera tener mobilidad. Lo conocimos, mi perro Chico y yo en la Plaza Mayor de Salamanca y ahora estaba allí, en frío metal, en la Plaza del Oeste.
Barrio del Oeste, que acoges a estudiantes, inmigrantes, bohemios, lunáticos, artistas callejeros y ahora también, por un día, perros callejeros.
Fotos y texto: Javier Perals.
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