El primer recuerdo que tengo de él fue en la tienda de mi tía Paqui. Recuerdo a un señor de pelo canoso y gafas que amablemente pedía lo que necesitaba. Al salir me dijeron que era Alcorlo, que era pintor. En aquellas palabras con las que me explicaban quién era sentía la admiración y el respeto hacia él. Desde entonces, siempre que lo veía por el pueblo, esa mirada se trasladó también a mí.
Quizá desde siempre he oído historias en mi familia sobre él, sobre lo importante que era su arte, sus obras. He oído historias a mi padre sobre cuando pintó algún mural en el pueblo y aquel dibujo que con orgullo presidía el salón de la casa de algún familiar. Cuando era más pequeña no entendía muy bien lo que significaba, pero sabía que en todo ello había algo importante, algo de lo que enorgullecerse al decir que Manuel Alcorlo era vecino de Cadalso.
Cuando fui más mayor, y dentro de Bellas Artes todo empezó a cobrar sentido, más aún al escuchar su nombre en boca de algún profesor de pintura. Hace unos años tuve la suerte de encontrarme con Carmen, su mujer. Ella me invitó a ver el estudio y quedé maravillada con esa pequeña joya, con sus historias, con su amabilidad y generosidad. Siempre estaré muy agradecida.
Manuel Alcorlo deja una obra inmensa y reconocida dentro de la pintura, el dibujo y el grabado español, reconocido como uno de los grandes virtuosos del siglo XX y XXI. Su universo lleno de imaginación, símbolos y escenas casi teatrales han hecho que su trabajo traspasara fronteras y pasara de generación en generación, construyó su lenguaje propio y reconocible al instante.
Cadalso ha tenido la suerte de cruzarse con artistas que dejaron huella, como Forges, con su mirada humana e inteligente, o el escultor Juan Cristóbal González. Figuras distintas, pero unidas por algo importante: demostrar que el arte y la cultura también pueden echar raíces en los pueblos y formar parte de su identidad y memoria.
Cadalso pierde a uno de sus vecinos más ilustres pero su obra, su recuerdo y la huella que dejó en tantas personas que, incluso sin entender todavía del todo quien era aquel hombre de pelo canoso y gafas, intuíamos que estábamos delante de alguien importante.




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