CALENDARIO DE SOBREMESA

CALENDARIO DE SOBREMESA
LA ASOCIACIÓN DE AMIGOS DEL CAMINO DE SANTIAGO EN CADALSO DE LOS VIDRIOS PONE A LA VENTA UN CALENDARIO DE SOBREMESA CON UNA SELECCIÓN DE FOTOS PARTICIPANTES EN EL CONCURSO FOTOGRÁFICO DEL PASADO MES DE OCTUBRE.

Portada de primavera.

Foto del Venero de Francisco Hernández Navarro.

MAPA DE METRO DE LOS CAMINOS DE SANTIAGO

MAPA DE METRO DE LOS CAMINOS DE SANTIAGO
FEDERACIÓN DE ASOCIACIONES DEL CAMINO DE SANTIAGO LEVANTE-SURESTE

PATROCINADORES 2021

PATROCINADORES 2021
PATROCINADORES 2021

MAPA FOLLETO

MAPA FOLLETO
MAPA DEL CAMINO DEL SURESTE A SU PASO POR LA PROVINCIA DE MADRID, DESDE ESCALONA A CADALSO Y DE CADALSO HASTA CEBREROS, CON FOTOS DE LUGARES SINGULARES DE TODAS LAS POBLACIONES.

INFORMACIÓN FOLLETO

INFORMACIÓN FOLLETO
CARA DE INFORMACIÓN DEL MAPA DE LAS ETAPAS DEL CAMINO DEL SURESTE A SU PASO POR LA PROVINCIA DE MADRID ENTRE ESCALONA (TOLEDO) Y CEBREROS (ÁVILA) CON INFORMACIÓN DE LOS RECURSOS EN LOS DISTINTOS MUNICIPIOS. ESTE FOLLETO HA SIDO EDITADO POR LA ASOCIACIÓN DE AMIGOS DEL CAMINO DE SANTIAGO EN CADALSO DE LOS VIDRIOS CON EL PATROCINIO DE LA CONSEJERÍA DE TURISMO DE LA COMUNIDAD DE MADRID. AGRADECEMOS AL AYUNTAMIENTO DE CADALSO SU COLABORACIÓN.

sábado, 10 de julio de 2021

EL OTRO CAMINO DE LAS ESTRELLAS. Relato de

 EL OTRO CAMINO DE LAS ESTRELLAS                    Relato de Mari Carmen González López                             

   Nada tienen que ver con mi aldea estos parajes: su humedad y la delicadeza con la que el sol los mima, engendran una vida que nunca antes conocí.

   Continúo viajando, pero mi destino ahora es bien distinto; ya llegué a la Tierra Prometida y, en agradecimiento, iré a visitar al Santo Apóstol. Mis antepasados me acompañan de nuevo, nunca camino solo.

   Como no hace mucho, me dejaré guiar por las estrellas; aunque este sea otro recorrido, de nuevo ellas me orientarán.

                           EL OTRO CAMINO DE LAS ESTRELLAS

   Durante meses conviví con la crueldad y la esperanza de la mano. No experimenté ni un solo momento de tranquilidad, ni siquiera cuando el agotamiento me rendía y conseguía dormir. El trayecto fue duro, demasiado para un joven con sueños como lo fui yo.

   No iba solo; compartí mi miedo y mis dudas con un grupo de personas que también intentaban escapar de la miseria y el horror pero, por desgracia, juntos comprobamos que lo que habíamos sufrido podía superarse con creces.

   Me gustaría decir que todo pasó, mas no creo que mi mente me exima jamás de tanto horror. Tampoco sé si algún día podré hablar de ello sin miedo, aunque quizá esa sea la única forma de liberarme. No hace mucho descubrí que existen ángeles en la Tierra, y algunos de ellos me han traído hasta aquí para disfrutar de cada segundo de mi peregrinaje por el Camino Francés del Camino de Santiago.

   Es una bendición recorrer estos pueblos. Puedo caminar de día sin temor a ningún ataque. Disfruto del olor de sus bosques, de sus ríos y lagos de agua transparente. Me sorprende el frescor del aire que respiro, los sonidos serenos de los animales que disfrutan libres de unos dones que a otros se nos han negado.

   Es todo tan diferente en mi país…

   En África, durante nuestro recorrido por el desierto, antes de que amaneciera cavábamos un agujero grande en la arena y nos cobijábamos en él intentando salvaguardarnos de los inclementes rayos de sol y de las mafias que nos buscaban para robarnos el dinero que llevásemos escondido. Lo mucho o poco que habíamos atesorado, y que ellos se creían en el derecho a usurpar mediante golpes y vejaciones. Esos ahorros que, para nuestros padres, eran el pasaporte hacia la libertad de sus hijos e hijas; el camino hacia una vida segura, sin tener que soportar los horrores de las guerrillas y la angustia  de un futuro incierto.

   Cada vez que llego a un albergue para descansar explico, en mi pobre castellano, que me dirijo hasta la tumba del Apóstol. Entonces dejo de adivinar la lástima o la desconfianza en los ojos de quienes, extrañados, me atienden. Descubren que tenemos un deseo común y esto nos hermana. Me prestan su ayuda y vuelvo a creer en el ser humano. He aprendido que no solo el miedo une, la paz también. Ya no es imprescindible caminar bajo las estrellas y descansar de día, oculto entre arena o matorrales secos. Ahora duermo en una cama, en un edificio con todo lo necesario para descansar y asearme; con otras personas que, como yo, tienen inquietudes, sueños, anhelos y deseos de compartir sus experiencias, sus temores; de prestar su ayuda y dar aliento con una simple sonrisa.

   Y es que, al llegar al norte de África desde mi país, Burkina Faso, entendí qué es el racismo: nos llamaban “africanos”, como si ellos no lo fuesen. Nos escupían y golpeaban al primer descuido. “Mi conciencia está tranquila”, me repetía cada vez que notaba que me miraban o me trataban mal. Jamás podré entender qué les hacía sentir diferentes.

   Aquí encuentro muchas iglesias en mi camino, y en todas ellas entro para agradecer cada paso que doy. Me educaron en la alegría por vivir, en el respeto a mis mayores y a cualquier ser viviente. Nadie es mejor que nadie, ya que todos somos hermanos. Mi abuela me contaba, siendo aún un niño, que nuestro color de piel se debía a que el sol se demoró un poquito más en nuestra tierra, admirando la alegría de nuestras gentes y que, por ello, tenemos un tono más tostado que las personas de otros países. Sin embargo, todos provenimos del mismo amor divino, ya que nuestra alma no tiene color. Eso lo he comprobado en cada pueblo que durante este Camino he visitado. En cada pequeño colmado, en las calles repletas de historias que la gente mayor va contando con los ojos cargados de añoranza, en los ríos henchidos de vida, en las plantas y árboles que me hacen respirar con el pecho bien abierto.

   El aire está preñado de calma, el agua de alegría, los bosques de belleza y los senderos de la sabiduría de los que anduvieron por ellos y los hicieron mejores para los que llegásemos después.

   Mi espíritu se llena de sosiego a cada paso. Mi piel, esa que el sol tostó por capricho, recibe sus rayos con deleite. Mis ojos recogen imágenes que no quiero olvidar jamás y mi mente se deja llevar sin más pesar que el esperar que los míos sigan bien, ajenos a los horrores por los que pasé hasta llegar aquí.

   No sé qué haré después de llegar hasta el Santo Apóstol; posiblemente vuelva sobre mis pasos y continúe mi vida viajando hacia otro lugar. Quizá mi destino sea el de peregrinar y no pertenecer a ninguna parte más que al corazón de los míos. Desde donde esté les ayudaré en todo lo que pueda. Ellos son mi historia y mi vida, como ahora lo es este Camino que me ha hecho encontrar la paz y la seguridad de que el ser humano es bueno por naturaleza. Ya no lo dudo.

   Lo demás es pasado, y aún queda mucho por recorrer. Me dejaré guiar, como siempre, por las estrellas. Ellas saben mostrarme la mejor ruta.

              Terminado el 9 de agosto, Día Internacional de los Pueblos Indígenas.

sábado, 3 de julio de 2021

DECISIONES. Relato de Gloria Fernández Sánchez.

 

   DECISIONES                                       Gloria Fernández Sánchez

   Estaba yo en Cenicientos, en el puente romano, cuando lo vi. Se trataba de un muchacho alto, atractivo, que peregrinaba también, pues llevaba el bastón con la concha. Él hizo un rictus, casi imperceptible, de reconocimiento, pues no había nadie más. Nos hallamos de nuevo en una cafetería.


   — ¿Vas hacia Cebreros también? ¡Ah! ¿Te he dicho que me llamo Julio?

   — Yo soy Anita. No es un diminutivo, me bautizaron así.

   Mientras comíamos un bocadillo de jamón y sorbíamos un café, sacamos nuestros respectivos mapas. Prácticamente coincidían. Pero si algo había aprendido ya del Camino era el no imponer espacio, ni presencia, a mis compañeros de viaje.  

   — Nos iremos topando, entonces. Te paso mi número de móvil, por si necesitaras algo —dijo Julio.

   — Pues yo te regalo algo muy valioso. ¡Tiritas especiales para las ampollas! Toma unas cuantas. Me alegra haberte conocido.

   Y perseveramos, cada uno por su cuenta. Nos volvimos a encontrar cerca de la iglesia de La Asunción. Yo quería rezar, sin poder. Ya en Cadalso habían vuelto a sellar mi carnet de peregrina.


   Entramos en un café muy acogedor. Tenían una chimenea encendida, a pesar del buen tiempo reinante.  Hablamos de la infancia y de nuestras mutuas orfandades. Después, nos animamos.

   — ¡Bueno, Anita! ¿Cómo van esos ánimos romeros? Solo por lo que me diste para las ampollas, te debo­ eterna gratitud.

   — Me parece que hoy estoy sufriendo lo que denominan “un pinchazo”. No sé para qué estoy aquí, ni veo sentido alguno a esta caminata.

   Fue la primera vez que noté cómo Julio se ponía serio, grave.

   — Es parte de la fisiología del peregrino. Quien no duda, no avanza. Aconsejaría que te quedases en el albergue un par de días, y que en él recapacites.

   El albergue era muy agradable. “Da lo que tengas, coge lo que necesites”, ponía un cartel a la entrada. Todas dejábamos lo ya no esencial y recogíamos otros enseres en sus estantes. Un trueque de hermanos.


   — Yo también he de permanecer aquí. Mañana, o al otro, llegará un amigo, con el que he de discutir unos asuntos. Estoy en la sección masculina.

   Al acostarme, sentí una voz lejana, dulce, que llegaba de muy lejos. Anhelaba llorar, era esa una de mis peticiones al Santo, mas un nudo en el cuello lo impidió. Cuánto buscaba el desahogo.

   Creí haberle gustado a Julio y, al fin, era esto algo natural. El inventarse una historia de un conocido, al tiempo que me aconsejaba una reflexión, formaba parte de esa danza del halago y del cortejo.

   Pero al día siguiente, cambié de torna, decepcionada. Julio había desayunado ya y caminaba en dirección al Alberche. El tiempo primaveral y embriagante lo justificaba. Mas no había pensado en mí.


    Aun sabiendo que no era cortés, ni discreto, me acerqué a un regato. Al poco vi las cabezas y oí, a lo lejos, las voces de los dos chicos. Enseguida hice notar mi presencia.

   — ¡Cuánto siento molestar! ¡Estáis aquí! Sigo por aquel sendero.

   — ¿Por qué? Anita, te presento a Juanma —repuso Julio.

   — Hola, pues encantada. Os dejo. Tendréis cosas de que hablar.

   — Una de ellas eres tú. Así que te pido, por favor, que nos acompañes un poco.

  Juanma, que se hallaba bebiendo un zumo, me pasó un vaso de cartón con trocitos de hielo. Se lo agradecí, pues el sol picaba ya.  

— Me habéis dejado atónita. Con eso de que yo era el tema de conversación. 

— Juanma y yo somos sacerdotes.  

— ¡Ah! Y no pude articular una palabra más.     

— Pero mientras Juanma está bien seguro de su vocación, yo vacilo, pues me atraen las mujeres y no sé qué bifurcación tomar.   Empecé a reír nerviosamente. Ninguno lucía alzacuello.  

— ¡Es la primera vez que un cura se me confiesa y no yo a él!  

— De hecho, llevo varios días pensando en ti, en localizarte, en verte.  

   Me quedé de piedra. Unos pececitos se acercaban a nosotros. El agua estaba límpida. Al discernir su estado eclesiástico, todo afán de caricias o intimidad había desaparecido.    

— Tú dudas sobre la existencia de Dios. ¡Pues ya ves! Los demás tampoco vemos clara nuestra posición en el mundo.


   Juanma no se sentía molesto. Si hubiese percibido el más pequeño signo, me habría escapado. Se diría envuelto en sus meditaciones.  

— Cuando Anita me dijo —se dirigía, obviamente, a su compañero— que había quedado huérfana de padres, como yo, me llamó la atención. ¿Es eso lo que estamos buscando? ¿Un Padre nuevo, un sustituto? ¿O una pareja? ¿O que Dios nos oriente?   — Creí que la única desnortada era yo.  

— No, Anita. El titubeo existe. Para ti y para todos. Aunque me parece que he tomado una decisión. Voy a volverme con Juanma a nuestra casa y orar, rogando luz. 

— Yo quisiera completar el Camino. He pedido dos meses libres en el trabajo. No voy a tener otra oportunidad como esta.

— No me gustaría haberte ofendido en nada. Si he dicho que me has atraído, no debes enfadarte. Ojalá te sea útil y bello este Camino que sube al norte. Y que asciende también, de otra forma.

— Yo te deseo lo mejor, Julio.

— Reza por mí a Santiago. En otra ocasión iré a cumplimentar bien la visita. Por de pronto, ha concedido lo que le iba a pedir. Aclarar este batiburrillo que tengo en la mente. Y recuerda que nunca­, jamás, estarás sola. Como te sentiste de niña. Nunca. Hay una Mano que no te abandona.


  Cuando ya se hubo ido, me senté junto a la corriente, en un cañaveral. Y lloré todas las lágrimas acumuladas, ­las que se habían atascado durante años. Se atendían mis plegarias, al fin. Aunque nunca he sabido si salían furiosas de pesar o radiantes de alegría.

miércoles, 30 de junio de 2021

TRABAJOS PARA LA SEÑALIZACIÓN DEL CAMINO DE SANTIAGO DEL SURESTE ENTRE ESCALONA Y CEBREROS.

 TRABAJOS PARA LA SEÑALIZACIÓN DEL CAMINO DE SANTIAGO DEL SURESTE ENTRE ESCALONA Y CEBREROS.


     El martes 29 de junio realizamos la primera jornada de medición para la colocación de señales que indiquen el itinerario a seguir por el Camino del Sureste entre Escalona y Cebreros, y que recientemente ha recibido una subvención de la Asociación "American Pilgrims on the Camino".


     Esta señalización facilitará a los peregrinos que realizan el Camino de Santiago del Sureste una mayor información y seguridad sobre los caminos que tienen que tomar y las distancias que le quedan por recorrer.


     Estas actividades han estado bloqueadas durante bastante tiempo por las restricciones a la movilidad a causa del Covid-19 y las distintas consecuencias sobre la actividad de nuestra asociación.


     Para evitar los calores rigurosos de mediodía quedamos a las 6:30 de la mañana y tras llevar el vehículo que nos permitiría retornar desde Escalona emprendimos la etapa haciendo el recorrido a la inversa, es decir, desde Cadalso a Escalona, para anotar directamente las distancias que faltan por recorrer desde cada uno de los puntos que se van a señalizar.


     Richard se encargó de la parte técnica de la medición y Javier de ir anotando las distancias reales sobre el propio proyecto que se presentó a American Pilgrims, corrigiendo algunos errores.



     No nos cruzamos durante el recorrido con ningún peregrino pero tanto en Paredes como en Escalona nos encontramos con personas conocidas que nos acogieron de una forma maravillosa.


     También aprovechamos para pedir permiso para colocar un azulejo con la flecha amarilla en algún punto de Paredes y Escalona.

 
   Concluida la tarea de medición regresamos a Cadalso, pudiendo corregir con mayor exactitud las distancias que aparecen en los diferentes carteles.

     Queda pendiente de realizar el tramo entre Cadalso, Cenicientos y Paredes y el tramo que desde Cadalso se dirige hasta Cebreros hasta llegar a la finca La Tablada, donde antiguamente se localizaba la "Venta de la Tablada".

Fotos y texto: Richard Pickers y Javier Perals.

domingo, 27 de junio de 2021

ENTREGA PREMIO SEGUNDO CONCURSO LITERARIO

 ENTREGA PREMIO SEGUNDO CONCURSO LITERARIO.

     Tras dos aplazamientos por fin ayer, 26 de junio de 2021, pudimos hacer entrega del premio al relato ganador del Segundo Concurso Literario de Relato Corto organizado por la Asociación de Amigos del Camino de Santiago en Cadalso de los Vidrios.


     Las medidas sanitarias adoptadas por las diferentes administraciones públicas habían impedido hacer la entrega del premio a la autora del relato ganador de la edición de este año. Claro que peor nos fue con la primera edición en 2020 que ni siquiera pudimos hacer un acto de entrega del primer premio.


     Para tratar de homenajear a los dos ganadores, el del año pasado José Antonio Rodríguez Alva y la de este año Raquel Sebastián Poza, fue el ganador del año pasado quien hizo la entrega del cheque simbólico a la ganadora de este año quedando así imagen patente de ambos ganadores.


     Siguiendo los consejos sanitarios aún en vigor, el acto se realizó en el patio del albergue parroquial Betania, donde habíamos instalado una carpa para refugiarnos de los rayos del sol. Al acto habían sido invitados los componentes de los jurados de las dos ediciones, los miembros de la junta directiva encargados de la organización del acto y los dos ganadores. 


     Nos quedamos con ganas de invitar por correo a todas las participantes de ambos concursos entre las que se encuentran varias personas de Cadalso. Esperemos que lo podamos hacer en la próxima edición.

     Tras el acto de entrega del simbólico cheque se hizo entrega de un vale por valor de veinte euros de nuestra patrocinadora Papel Prim, por parte de nuestra compañera Ester López, ya que Concha García Boj debió atender su negocio hasta pasada la hora de entrega del premio.



     Finalizado el sencillo acto en el que tanto José Antonio Rodríguez Alva, como Raquel Sebastián Poza, nos dirigieron palabras de agradecimiento por la convocatoria de este concurso, se realizó una visita guiada tanto al Albergue Parroquial Betania como a la exposición "El Camino de Santiago del Sureste a su paso por la Comunidad de Madrid, instalada en la planta alta del edificio Betania y que aún no ha podido ser inaugurada oficialmente.


     Mientras se realizaba esta visita otros miembros de la Junta Directiva preparamos un frugal aperitivo donde quisimos hacer homenaje a los vinos de Cadalso de los Vidrios, causando una enorme acogida un vino blanco con toques de naranja de las bodegas Frontelo. También fueron muy bien valorados los tintos que se abrieron, pues al no ser muchos los presentes con dos botellas hubo de sobra.




     El aperitivo de queso, dátiles y mojama de membrillo se complementó con dulces de Cadalso, además de rosquillas y galletas de avellanas elaboradas por la propia ganadora del concurso.


Incluímos el cartel de patrocinadores 2021.


Fotos: Richard Pickers y Raquel López.

Texto: Javier Perals.

sábado, 12 de junio de 2021

CADALSO 2.101 SEGUNDO RELATO FINALISTA DEL CONCURSO LITERARIO DE RELATO CORTO.

 CADALSO 2.101  SEGUNDO RELATO FINALISTA DEL CONCURSO LITERARIO DE RELATO CORTO.

Autor: Ignacio Ceballos Viro, vive en Chapinería (Madrid).

- ¿Ultría?

- No, no: ultreia –respondió la mujer.

- Qué significa –exigió secamente el desconocido.


 
       En ese momento ella se dio cuenta. Era eso lo que su compañero le había estado queriendo advertir desde que el desconocido había entrado. Con los codazos, los silencios inusuales, los “Aurora, ¿no deberíamos ir a arreglar la habitación 3?”, sabiendo de sobra que ese dormitorio siempre estaba listo para la llegada de peregrinos. Hubo una pausa larga. Iba a replicar “Usted no es peregrino, usted no camina a Santiago, ¿quién es y qué hace aquí entonces?, pero su compañero se adelantó diciendo:

        - Es un saludo. Un viejo saludo de peregrino. Le dicen ultreia y usted responde ultreia.

        Su compañero habló con naturalidad, pero Aurora lo conocía desde hace treinta años y percibía un matiz ronco en su voz, la respiración agitada por el peligro.


 
       El desconocido había llegado hacía veinte minutos. Aurora y Ángel habían acabado de cenar y repasaban los nombres: “Ruta de Levante. De Toledo a Ávila: Torrijos, Escalona, Cebreros…”. “Llegando a Cadalso de los Vidrios habían borrado todas las flechas, no quedaba ni una”, había dicho Ángel. “¿Las repintaste?”, preguntó Aurora. “Las que pude”, respondió él, “me quedé sin pintura. Volveré mañana”. “Ve con cuidado, no es seguro repetir lugares, lo sabes”. “Lo sé, tranquila”. Y siguieron repasando: “De Ávila a Zamora: Gotarrendura, Arévalo, Medina del Campo…”. La memoria era imprescindible. Internet lo cambia todo cada poco tiempo, la voz y la memoria eran lo único verdadero. Justo cuando estaban diciendo “Sieteiglesias, Toro, Zamora…” se oyó un ruido en la puerta y era el desconocido, que había entrado sin llamar.

        - Esos nombres no existen. No queda nada entre Toledo y Ávila. Solo este lugar… ¿Se puede?

        Se había condensado un silencio raro. Aurora oyó cómo Ángel se atragantaba con el agua. Pero no captó las señales. Se le activó la rutina, se puso en pie y se acercó al recién llegado.

        - Bienvenido, pase. Puede dejar sus cosas en aquel rincón. El móvil tiene que apagarlo y meterlo en el congelador, que está ahí. Le podemos preparar la cena.

        - ¿La cena? Sí, claro. ¿No hay nadie más?

        Aurora sacudió la cabeza:

        - Va a hacer un año que no se alberga nadie. Ya ve. ¡Año compostelano!


 
       Aurora no se daba cuenta de que Ángel no se había movido ni había dicho palabra aún. Que estaba pálido y petrificado mirando al desconocido entrar, posar una bolsa negra en el suelo, colgar el chaquetón y quitarse la sobaquera de la pistola, dejarla sobre la encimera, dejar también la placa y sentarse en la banca. Lo había reconocido. A ese lo conocía de sobra.

        - ¿Hace mucho que es usted ciega? –le preguntó el recién llegado a Aurora.

        La sala era amplia, pensada para que una docena de peregrinos pudiera estar cómodamente, cocinar, comer, descansar, charlar… Charlar era importante entonces. Ahora el desuso había convertido rincones en trasteros improvisados, y muchas luces fundidas arrojaban celosías de sombras.

        - Muchos años, sí –respondió Aurora después de un intento de cálculo que abandonó-. Fue un dron, cuando las cosas empezaron a ponerse difíciles. Me seguía, yo era joven, le tiré una pedrada y le rompí una hélice, pero al perder el control cayó hacia mi cara y… bueno. Fui bastante idiota.

        Entonces Ángel había preguntado por primera vez lo de si la habitación 3 estaba lista, y si debían subir a arreglarla para el desconocido. Pero el desconocido lo ignoró y siguió hablando con Aurora:

        - Sí, los drones. Conozco bien los rastreadores. La nueva serie cinco, los que lanzan descargas.



       Y continuó describiendo todos los detalles en el sistema de control, sin dejar detalle: el nombramiento del Cuerpo de Vigilantes de Seguridad e Higiene con sus diferentes secciones; las patrullas de los caminos; la monitorización de los albergues y luego su ilegalización, con la fecha exacta; el traslado del Santo a una cripta de seguridad inaccesible; la represión de manifestantes; el paso del tiempo, el olvido, el abandono.

        - Vaya, lo conoce bien… Pero nada tuvo que ver la higiene, como dijeron –replicó Aurora, aunque Ángel trataba de callarla con un carraspeo-. Ni la propagación de enfermedades en el camino, ni la promiscuidad, decían, del contacto humano… Todo ha sido para enriquecer al Stellarum Park.

        - Aurora, vayamos a preparar el piso de arriba –aprovechó para suplicar Ángel, poniéndole una mano en el brazo. Pero ella, nada. A Ángel se le iban los ojos a la pistola una y otra vez, ahí expectante, amenazante, fría.

        - Han detenido a tanta gente –siguió ella-, han hecho desaparecer a tantos amigos, a tantas personas de fe y esperanza. ¿Ir a Santiago en tren hyperloop y llegar en dos horas desde cualquier lugar de Europa? ¿Para pagar y ver unas atracciones de una Edad Media de cartón piedra?

        - Me consta que la vida de peregrino y la de hospitalero es arriesgada.


 
       - Mucho. Pero aquí seguimos. Ya casi nadie se expone. Es peligroso. Es clandestino. Nos hemos convertido en una especie de orden secreta. Ya nadie viene por aquí. Ya nadie nos dice ultreia.

        - ¿Ultría? – dijo el desconocido.

        - No, no: ultreia –respondió Aurora.

        - Qué significa.

        Ángel saltó sobre la encimera y agarró la pistola. Apuntó al desconocido entre las cejas y dijo, masticando las palabras:

        Es un saludo. Un viejo saludo de peregrino. Le dicen ultreia y usted responde ultreia.

        El Vigilante de Seguridad e Higiene no pareció alterarse. No se movió de la silla. Cambió la mirada de Aurora a Ángel y de Ángel a Aurora y poco después se arrancó una carcajada franca y larga.

        - Así que no lo sabéis… ¡estáis absolutamente desconectados del mundo! Hoy ha sido el último día de mi cuerpo de vigilancia. Caput. Finito. The end. Ya no hacemos falta. Hemos vencido. El miedo ha vencido. A todos. Ya no se os considera un peligro, sois… idealistas en extinción imparable. ¡Ja! La verdad es que sois tan extraños. ¡Fascinantes! No acabo de entender cómo habéis resistido tanto tiempo. Joder, mis vigilantes han sido tan persistentes. Quedaos la pistola, os la regalo. Y la placa.

        Y volvió a reír. Muy lentamente Aurora y Ángel dejaron de parecer estatuas. Él bajó el cañón de la pistola y se miró las manos y las puntas de los pies. Aurora recuperó el color.

        - Y ahora… Entonces… Si no nos va a detener… ¿a qué ha venido?

        - Lo primero a cenar, si aún sigue en pie la oferta –respondió el hombre con su voz endurecida. Luego dormiré un rato en la habitación 3, ¿no es eso? Y mañana…

        - ¿Mañana?

        - A Santiago. Caminando. Se hace siguiendo esas flechas que nunca conseguíamos borrar, supongo. Y diciendo… ¿cómo era… ultreia?