PATROCINADORES 2026-1

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La Asociación de Amigos del Camino de Santiago en Cadalso de los Vidrios agradece su colaboración a todos nuestros PATROCINADORES. Muchas Gracias.

PATROCINADORES 2026-2

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La Asociación de Amigos del Camino de Santiago en Cadalso de los Vidrios agradece su colaboración a todos nuestros PATROCINADORES. Muchas gracias. Hemos prorrogado este patrocinio para 2025 a todos nuestros patrocinadores de 2024, a los que hay que añadir a la empresa "Extintores Hermanos Zoyo".

VISITA A LA TORRE DE LA IGLESIA

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NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCIÓN. CADALSO

MAPA DE METRO DE LOS CAMINOS DE SANTIAGO

MAPA DE METRO DE LOS CAMINOS DE SANTIAGO
FEDERACIÓN DE ASOCIACIONES DEL CAMINO DE SANTIAGO LEVANTE-SURESTE

MAPA FOLLETO

MAPA FOLLETO
MAPA DEL CAMINO DEL SURESTE A SU PASO POR LA PROVINCIA DE MADRID, DESDE ESCALONA A CADALSO Y DE CADALSO HASTA CEBREROS, CON FOTOS DE LUGARES SINGULARES DE TODAS LAS POBLACIONES.

INFORMACIÓN FOLLETO

INFORMACIÓN FOLLETO
CARA DE INFORMACIÓN DEL MAPA DE LAS ETAPAS DEL CAMINO DEL SURESTE A SU PASO POR LA PROVINCIA DE MADRID ENTRE ESCALONA (TOLEDO) Y CEBREROS (ÁVILA) CON INFORMACIÓN DE LOS RECURSOS EN LOS DISTINTOS MUNICIPIOS. ESTE FOLLETO HA SIDO EDITADO POR LA ASOCIACIÓN DE AMIGOS DEL CAMINO DE SANTIAGO EN CADALSO DE LOS VIDRIOS CON EL PATROCINIO DE LA CONSEJERÍA DE TURISMO DE LA COMUNIDAD DE MADRID. AGRADECEMOS AL AYUNTAMIENTO DE CADALSO SU COLABORACIÓN.

domingo, 10 de mayo de 2026

UNA PROMESA

 Una promesa

     Nada más rozarla, sentí que ese era el final.

    Trémulo, vacilante, con gran dificultad había conseguido llegar hasta ella. Me fallaban las piernas, temblaban mis pasos y mi respiración, entrecortada por el agotamiento, me impedía tomar plena consciencia de mis acciones. Apenas pude inspirar una última bocanada de aire para conseguir la fuerza necesaria, dar un paso ¾sólo un paso más¾ y alcanzarla. Entonces alargué el brazo y la sentí: por fin la sentí. Fría, tersa bajo mi mano.


     Escuché por primera vez su historia en el albergue de Arzúa, después de la etapa más dura del viaje. Fue ella la que me hizo recobrar las fuerzas; fue ella la que impidió que abandonara.

     En cuanto su piel rozó la mía, supe que debía detenerlo.

    Asustado, inseguro, noté cómo su cuerpo cálido y exhausto se aproximaba; su alma, en cambio, aún estaba lejos, en busca de respuestas. Quería hablarle y atenuar su angustia, quería abrazar su incertidumbre y abrir sus ojos a la luz del mundo, quería que contemplara los rayos de seda y el musgo de la historia; quería enseñarle a ver, a escuchar. Me rozó, sí, me rozó, y, con un tenue susurro, alumbré el recuerdo en su pecho.

    El tiempo parecía suspendido entre las sombras de los robles que flanqueaban mi camino. Subía, subía, subía y como compañero sólo tenía al estío, que, entre el ramaje, amenazaba con seguir abrasando mi rostro. Subía, subía. La cuesta parecía no tener fin y mis muslos agarrotados me imploraban que me detuviera. Pero no podía hacerlo, otra vez no. Sabía que todavía me quedaban muchos kilómetros hasta Arzúa y necesitaba terminar esa jornada. Terminar, sí, terminar por él. El agotamiento pesaba sobre mis hombros y la tristeza, lejos de disiparse, arraigaba en mi interior, más y más honda con el paso de los días. Le echaba de menos. Era él quien soñaba con esta aventura... era él quien siempre había querido que camináramos juntos.


   Subía, subía. Su recuerdo me hacía vencer el cansancio, mi cuerpo sólo conseguía moverse si pensaba en aquella promesa. Subía, subía. «Llegaré y te pondré a sus pies». Subía. «Llegaré y tú llegarás conmigo». Subía. «Haremos juntos el Camino».

    Sin aliento, alcancé la cima y me detuve, sólo unos segundos, a coger resuello y a hablarle, como solía; a decirle que estábamos muy cerca, que ya quedaba menos y que, al llegar, le pondría a los pies de la imagen. Metí la mano en el bolsillo… pero no estaba.

    Era imposible que no estuviera, así que seguí rebuscando, sin éxito. La esclava, ¡la esclava! Gélida, sentí cómo la angustia me desgarraba: había perdido su esclava de plata. Había perdido mi promesa. Le había fallado. Caí de rodillas y, con un hilo de voz, apenas pude alzar la mirada y decir: «perdóname, papá».

    Le vi confuso, perdido, sin esperanza, y le pedí que recordara, que volara la imagen a su corazón. El atardecer y el final de la etapa. Recuerda, recuerda. El sol baña tus dudas y, después, se esconde perezoso bajo el manto de la tarde. Un sendero grabado en lo profundo dibuja los rostros del encuentro afortunado. Que la conversación cobije tu alma, que el tiempo se instale en la hondura. Recuerda, sí, y sé parte del mundo.

    Después de descansar un rato, me dirigí a la sala común del albergue, que se encontraba en un patio interior. Allí, un grupo de lo más variopinto cenaba y charlaba bajo el cielo nocturno, compartiendo experiencias del viaje. Me senté lejos; no me apetecía hablar con nadie aquella noche, y mucho menos escuchar las edulcoradas aventuras de un puñado de soñadores. Mi decisión era firme: al día siguiente volvería a casa. No tenía ningún sentido seguir sufriendo y continuar el camino solo. Lo había comenzado por él, y, sin su recuerdo, ya no me quedaban ganas ni fuerzas.

    La conversación me irritaba: todavía pensaban que formaban parte de algo más grande. ¡Ilusos! Yo no seguiría perdiendo mi tiempo, ya no. De sus voces me llegaban apenas retazos cuando, de repente, alcancé a oír una historia mucho más interesante. «No hay premio más bello para el peregrino que acariciarla». Escucha. «Dicen que ella custodia el enigma del tiempo». Escucha. Escucha el porqué que ondula entre susurros. «Si logras llegar a ella, lo escuchas a Él». «Sólo así todo lo demás merece la pena. Sólo así encuentras el verdadero sentido. Sólo así puedes comprenderte».


    Algo en mí despertó entonces. Un indecible impulso por terminar lo que había empezado. No comprendía, ¡no comprendía! No comprendía por qué se había ido, por qué me había dejado, precisamente ahora, solo. Y no comprendía por qué no había sido capaz de cumplir mi promesa. Necesitaba encontrar la respuesta, el sentido. La verdad. Por eso debía continuar y llegar hasta ella. Solo ahora, seguiría caminando.

    Escucha. Escucha a la voz que siempre está. No la mía, no: la que emerge de la sangre y anega tus costuras. La voz que es en ti. Conoce la tierra de siglos hollada y el claro peregrinar del latido. Aquí donde cientos de ojos te observan desde lo alto, donde te acompaña la luz maestra y revelada; aquí, donde estás, es donde empezarás a ser. Aquí es donde eres. Y él contigo. Y Él en ti. Comprende que el tiempo no es ascuas ni plata ni noches. Conoce. Comienza. Abre los ojos.

    Fría, tersa bajo mi mano. La piedra del parteluz se entrelazaba con mis dedos, como si me acariciaran siglos de refugio y consuelo y me envolviera la respuesta entre las jambas. Me hablaba. La piedra me hablaba, o yo la oía. La rocé suavemente con mis yemas…

    ¡Detente, viajero! No eres el primero que abraza estos recodos, ni serás el último en contemplar la luz que señorea entre los arcos. Alza la vista y observa: hiere dorado a dorado, el sol peregrino al hogar del Santo, y alumbran ambos al alma cansada. Detente y contempla el azul penitente invadiendo los vidrios, los siglos cristalizando en una caricia. A través de tu piel, escucha al fraile que quiso reafirmar su fe, a la joven que necesitaba comprenderse; escucha a la viuda en busca de alivio y al anciano perseguir el indefectible fugarse de la vida. El polvo ha sido su compañero en el viaje, ineluctable polvo de un tiempo compartido. El polvo, sí, y la palabra. Hoy y siempre, sabréis que no habéis caminado solos. Detente, peregrino, y escucha el rumor de la Historia...

… y abrí los ojos. Apoyado sobre ella, sobre esa piedra testigo de tantas fatigas, baluarte que quiebra de gloria la entrada, supe que no había hecho sino comenzar. Vi que las huellas no quedan en el barro, que hacer Camino es impregnar el alma y que el sendero se grabe en la sangre. Escuché su voz siempre viva: que él caminaba conmigo, que siempre lo había hecho. Y con él, el mundo. Y conmigo, el cielo.


 Nada más rozarla, comprendí que ese era el comienzo, y que nunca estaría solo.

     TEXTO FINALISTA EN EL VI CONCURSO DE RELATO CORTO organizado por la Asociación del Camino de Santiago en Cadalso de los Vidrios.

     Autora: Helena Terrados, Cadalso de los Vidrios.

viernes, 1 de mayo de 2026

POR EL CAMINO DE LAS ESTRELLAS EMPUJADOS POR LA FE.

POR EL CAMINO DE LAS ESTRELLAS EMPUJADOS POR LA FE

     Hace muchos siglos, cuando los caminos eran de tierra y los corazones aún creían en milagros, tres peregrinos se encontraron en un cruce de senderos en la vasta meseta de Castilla, no lejos de la villa de Frómista, en pleno Camino de Santiago.



     Eran tres hombres muy distintos, pero unidos por una misma fe y un mismo destino: llegar a la tumba del Apóstol en Compostela.

El primero se llamaba Teobaldo, un monje anciano que venía desde la lejana región de la Bretaña. Decía haber partido del monasterio al oír en sueños el tañido de una campana que no pertenecía a su abadía. Llevaba consigo un bastón tallado con símbolos antiguos —nudos, peces y estrellas entrelazadas— y una reliquia envuelta en lino, que nunca mostraba a nadie. Sus ojos grises parecían haber visto demasiados inviernos, pero en ellos ardía aún una llama serena.

El segundo, Martín, era un joven soldado, herido en cuerpo y alma por las guerras que había vivido. Una cicatriz le cruzaba el rostro como una sombra permanente. Buscaba redención por los pecados cometidos con su espada, pues en las noches de campamento aún escuchaba los gritos de hombres que ya no estaban en este mundo. Caminaba con la espalda recta, como si todavía respondiera a órdenes invisibles.

El tercero, Gaspar, era un campesino castellano, ancho de hombros y manos curtidas. Había prometido hacer el Camino si la sequía que azotaba sus campos terminaba. Cuando por fin llovió —tras meses de cielo agrietado y tierra cuarteada— dejó su azada clavada en la tierra húmeda y emprendió la marcha sin mirar atrás, llevando en su bolsa un trozo de pan de centeno y un puñado de la primera tierra mojada.


     Los tres peregrinos caminaron juntos durante días, cruzando llanuras interminables donde el viento silbaba como un coro invisible. Compartieron pan duro, agua escasa y muchas historias. Teobaldo hablaba de monasterios junto al mar y de manuscritos iluminados con oro. Martín relataba batallas con voz baja, como si temiera despertar a los fantasmas. Gaspar contaba cómo el trigo se inclina antes de la tormenta, como si rezara.

     

     Al llegar a Frómista, se sorprendieron por la belleza del lugar. Los campos de trigo mecían sus espigas como un mar dorado bajo el cielo inmenso. Y allí, majestuosa aun incompleta, se alzaba la iglesia de San Martín, que parecía surgir de la tierra como un sueño de piedra. Sus capiteles, aún recién tallados, mostraban bestias fantásticas, hojas enroscadas y figuras que parecían observar a los vivos con ojos de eternidad.


     Esa noche, decidieron dormir junto al canal, en la tranquilidad de un campo cercano, pero no pudieron pegar ojo. Un frío extraño descendió de repente, y una niebla espesa se levantó como si saliera del suelo mismo. De la bruma emergió una figura encapuchada, alta y silenciosa. No era ni hombre ni sombra. Llevaba una concha de vieira colgada al cuello, pero sus ojos no mostraban vida.

—¿Sois verdaderos peregrinos del Camino? —preguntó con voz grave.

Los tres hombres se miraron, y el monje fue el primero en hablar.

—Lo somos, y caminamos por fe, no por fama.

El ser los observó y señaló con un dedo huesudo la iglesia aún incompleta.

—Antes de continuar, habéis de dejar aquí una parte de vuestro ser. Solo así el Camino os dejará pasar sin cargar con más peso del que el alma puede llevar.

Dicho esto, desapareció en la niebla, dejando solo el eco de sus palabras.

     A la mañana siguiente, cuando despertaron, creyeron que había sido un sueño. Pero la niebla no se disipaba, y el frío persistía. Teobaldo, el monje, fue el primero en entender: el espíritu era un guardián del Camino, un alma errante que velaba por los que andaban con intención pura.

     Así, los tres peregrinos decidieron cumplir con lo que se les había pedido. Teobaldo, el monje, entró en la iglesia inacabada y enterró allí su reliquia: un pequeño fragmento de hueso que, según decía, pertenecía a uno de los discípulos del Apóstol. Al dejarlo, dijo: "Que aquí florezca la fe de los caminantes." En ese instante, la niebla se retiró de parte del campo, como si saludara su ofrenda.

     Martín, el soldado, se arrodilló frente al altar aún en construcción y clavó allí su espada, hincándola entre las piedras como si dejara su pasado para siempre. "Ya no mataré por mandato humano, sino que viviré por mandato divino." Al hacerlo, sintió que el peso en su espalda desaparecía.

    Gaspar, el campesino, sacó de su bolsa un puñado de tierra húmeda de su aldea, que había traído como símbolo de su promesa cumplida. Lo depositó en el umbral del templo y dijo: "Que la tierra dé fruto a los que tienen fe." Justo en ese momento, una flor blanca brotó entre las piedras.

     La niebla se desvaneció por completo, y una luz cálida bañó la iglesia. En el cielo, un grupo de aves cruzó en formación, como señal divina.

Desde ese día, los tres peregrinos continuaron su camino hasta Santiago, pero la historia de su paso por Frómista se quedó en la tierra y en las piedras. La iglesia de San Martín fue terminada poco después, y algunos dicen que, al caer la tarde, si uno se sienta en silencio junto al altar, puede escuchar los pasos de tres hombres y el murmullo de una voz que aún pregunta:

—¿Sois verdaderos peregrinos del Camino?

Así nació la Leyenda de los Tres Peregrinos de Frómista, una historia que los lugareños aún cuentan a los peregrinos curiosos, y que recuerda que en el Camino, más que los pies, camina el alma.

    TEXTO FINALISTA EN EL VI CONCURSO DE RELATO CORTO organizado por la Asociación del Camino de Santiago en Cadalso de los Vidrios.


 Autor: Antonio Gavilanes Pérez, hospitalero del Albergue de peregrinos de Tordesillas.

miércoles, 29 de abril de 2026

ACTIVIDADES RECIENTES DE LA AACSCV.

 ACTIVIDADES RECIENTES DE LA AACSCV EN CADALSO.

     Tras unos meses de actividad ralentizada, principalmente por las inclemencias del tiempo, aquel tren de borrascas que ahora nos parece tan lejano, retomamos parte de nuestras actividades, como:




     - Visita al Pozo de nieve de San Martín.
 


   - Celebración del día del Socio y de la Socia.
 
   - Fallo del Jurado del VI Concurso Literario de Relato Corto.
 




   - Marcha al Pozo de Nieve de El Tiemblo desde el puerto de Casillas.




     - Entrega del Premio Literario en el Albergue Parroquial Betania.
 


   - Presentación de dos novelas peregrinas de Carlos Javier Vega Briz, "Finisterre, una luz más allá del Camino" y "Tras las huellas de Tristán (vive el Camino Primitivo)", de las que , por cierto, nos ha regalado un ejemplar de cada para la Asociación. También hemos dejado ejemplares en el Albergue Betania para que los peregrinos puedan conocerlos. 


     - La próxima actividad programada es la visita a la Torre de la Iglesia.


Fotos: Javier Perals, Richard Pickers y Raquel López.
Realiza la entrada Javier Perals.

domingo, 19 de abril de 2026

LA POZA VERDE. RELATO GANADOR DEL VI CONCURSO LITERARIO.

 LA POZA VERDE.

RELATO GANADOR DEL VI CONCURSO LITERARIO DE LA AACSCV.

     Dicen que quien huele el aroma de un bosque jamás lo olvida; que la esencia de los eucaliptos, los robles y los pinos se impregna en su memoria y le acompaña, acurrucada en un rinconcito, para socorrerle en los malos momentos; que el perfume del agua le llena el corazón de alegría, y las fragancias de la tierra mojada y el musgo despejan su mente.


     Apenas entiendo qué significa todo eso, pero es lo que cuentan. Y lo hacen en un susurro, mientras el agua de la poza en la que vivo refresca sus pies cansados. Se sientan, mirando alrededor como si el mundo acabara de nacer; maravillados ante el esplendor de la Madre Naturaleza. Yo los observo sin comprender, ya que este es mi hogar y aquí todo me es familiar, hasta lo fantástico.

    Supongo que os habrán hablado de trasnos, donas y mouros. No obstante, dudo de que conozcáis a los mitagos. Los mitagos nacimos de la mente de un ser humano y, desde entonces, formamos parte de la vida. Somos habitantes del bosque creados a partir de una mezcla de olores, recuerdos, alegrías, miedos; sueños y esfuerzo; de historias y de la magia que éstas hacen brotar. De la mezcla de ese hechizo y de una de esas historias surgí. Cuando desperté, advertí que era un día soleado, aunque la humedad refrescaba el ambiente. El agua de la poza desprendía un suave aroma a flores, y el sonido de la cascada se asemejaba a una carcajada infantil. Fue entonces cuando los vi: un hombre y un niño descansaban sentados en una de las rocas. Noté que algo especial me unía a ellos, aunque en aquel momento no supe qué era.

―¿De verdad nos protegen, papá?

―¡Claro! En este lugar hay seres invisibles que nos ayudan a continuar. ¿Acaso no notas un olor diferente?

   Entonces el chiquillo se levantó y respiró despacio, saboreando cada inspiración.

―Este es un sitio muy especial. En breve podremos oír el sonido del mar. Por este camino, el del Norte, pasan muchas personas de lugares muy diferentes, y cada una deja alguno de sus pensamientos colgado de las ramas de estos árboles.

―¿Dónde? No veo nada ―dijo el chiquillo mirando con curiosidad a su alrededor.

―Los pensamientos no pueden verse, pero se sienten. Estas ramas se llenan de la ilusión de quienes pasaron por aquí con la esperanza de completar el Camino. De esas ramas brotan hojas que, al caer al suelo, se mezclan con la tierra. Es así como nacen los seres especiales que viven aquí.

―Y, ¿cómo son, papá?

―Pues, como tú quieras que sean. A ver, dime, ¿cómo te los imaginas?

    El crío desvió su mirada muy cerca de donde yo estaba escondido. Instintivamente, me agaché, temiendo que me viera.

―Creo que son del tamaño de un helecho, no mucho más. ¡Como ese de allí! ―exclamó indicando el matorral donde me refugiaba― Son casi transparentes, para poder camuflarse bien. Su piel es verdosa como el musgo de las piedras, y fría como la humedad que aquí respiramos.

En ese momento miré mis manos y, por primera vez, me vi. ¡El niño tenía razón! ¡A través de mi cuerpo podía distinguir el suelo! Mi piel era de un verde traslúcido parecido al del agua de la poza.

―Además ―prosiguió el crío―, caminan sin hacerse oír, rozando el suelo. ¡Mira!

El chiquillo señaló la poza y, al observarla, descubrí en ella a unos insectos de patas muy largas que caminaban sobre ella sin hundirse.


―¿Como ellos? ―preguntó el hombre.

―¡Sí, así!

Al instante, una rana saltó provocando ondas en el agua y haciendo que los extraños bichos “patilargos” se tambaleasen.

―Y nosotros somos como las ondas que ha provocado esa rana. Hacemos que el silencio acogedor de estos bosques de eucaliptos y pinos se vuelva alboroto ―comentó el hombre.

―Pero lo hacemos sin querer ―se excusó el chiquillo.

―Lo hacemos porque caminar por aquí nos hace felices. Nos encontramos con otros peregrinos igual de cansados, con los mismos calambres y con un dolor de pies parecido o incluso mayor que el nuestro, pero que, aun así, nos regalan una sonrisa y unas palabras de ánimo. O una chocolatina, como la que esa chica te dio este mediodía.

―Sí, se quitó los zapatos para curarse las ampollas después de darme la chocolatina. Tenía los pies heridos y, sin embargo, parecía contenta.

—Así es, y no es solo que lo pareciera, estoy seguro de que lo estaba. Me preguntaste hace un momento cómo nos protegen los seres que viven en este lugar —continuó el padre—, y ahora entenderás mejor la respuesta: lo hacen mostrándonos las maravillas del Camino de Santiago. Haciendo que el agua sea transparente y fresca, para que las personas prosigan su recorrido entusiasmadas pese al esfuerzo; logrando que el aire esté lleno de aromas agradables; que las plantas sigan verdes y frondosas; cuidando de los animales para que podamos disfrutar viéndolos en libertad.


―Es decir, cuidan de la naturaleza, y eso nos beneficia y nos hace sentir alegres―afirmó el niño contento por, al fin, comprender.

Luego callaron y permanecieron un rato descansando y refrescando sus pies en el agua de la poza. Otros viajeros pasaron por allí, se saludaron y charlaron con ellos amistosamente.

—Cuando sea mayor quiero hacer el Camino en bici, como ellos —anunció el pequeño cuando los peregrinos se alejaron.

Al poco se incorporaron y, cómplices, continuaron su ruta.

De aquella historia nací, y desde esta poza verde vigilo que el resplandor que la ilumina por las noches no se apague. Intento que las plantas y árboles no enfermen, y que los animales convivan en un entorno limpio y cuidado. De ese modo contribuyo a que el espíritu de respeto y libertad de este maravilloso Camino no se olvide; aunque casi nadie sepa mi secreto, ni el de los otros seres que habitamos y resguardamos los mágicos caminos que llevan a Santiago. 

Autora del relato y ganadora del VI Concurso Literario: CARMEN GONZÁLEZ LÓPEZ. 

sábado, 11 de abril de 2026

RESOLUCIÓN DEL VI CONCURSO LITERARIO

YA TENEMOS RELATO GANADOR DEL VI CONCURSO LITERARIO.

 Acta del Jurado del VI Concurso Literario de Relato corto.


       Reunidos los miembros del Jurado del VI Concurso Literario de Relato Corto, organizado por la Asociación de Amigos del Camino de Santiago en Cadalso de los Vidrios, en la sede de la Asociación, el viernes 10 de abril de 2026 a las 18:30 horas, para deliberar y elegir el relato ganador del presente concurso:
         Están presentes:
Clara Perazagua López, bibliotecaria, encargada de la Biblioteca Municipal de Cadalso de los Vidrios y difusora de actividades relacionadas con la lectura y la escritura.                     
María del Rosario Escudero, socia fundadora de la Asociación y colaboradora habitual en actos promovidos por las Asociaciones de Cadalso.
María Agustina Hernández Martín, maestra jubilada daba clases de adultos, informática y música.
Felipe Cartas, le gusta la lectura y la escritura y participó en el concurso literario de relato corto de esta asociación.
María Lozano López, educadora y muy vinculada durante un tiempo a nuestra asociación, se mueve por la promoción de la cultura en Cadalso.
 
Javier Perals Samper, secretario de la AACSCV y que actúa como notario del concurso, sus intervenciones se limitan a aclarar posibles dudas y no interviene en la toma de acuerdos.
   

         
Los textos se habían ido enviando por correo electrónico, aunque a causa de las caídas en la cobertura telefónica algunos textos se han tenido que mandar en varias ocasiones. Solucionadas las dificultades todos los miembros del jurado manifiestan que han leído todos los textos y cada uno de ellos ha tomado sus propias anotaciones. Preguntados cuál es el texto que más le gusta se abrió un debate sobre los textos presentados, sobre si cumplían o no las bases, y aunque tres de ellos no cumplían algún requisito se decidió no tomar ninguna medida pues ninguno estaba entre los textos preseleccionados.
 
            En este certamen se han presentado un total de diez textos, en algunos no figuraba título y seudónimo en todas las páginas como se especifica en las bases, aunque al no haber sido preseleccionados no se tomó sobre ellos ninguna medida, ni de descalificación ni de bajada de puntos.
 
            El debate se centró sobre siete textos, de los que se destacó su calidad en cuanto a la transmisión de sentimientos y valores del Camino, siendo descartados cuatro de ellos y quedando tres como finalistas.
            Tras las opiniones de cada miembro del Jurado, en la que no hubo unanimidad, se tomo el acuerdo de declarar como Relato ganador el titulado “La poza verde” y son declarados relatos finalistas los siguientes: “Por el Camino de las estrellas empujados por la Fe” y “Una promesa”, aunque otros dos textos recabaron la atención y los comentarios positivos del Jurado.
 

           
Los miembros del Jurado preguntaron por la identidad del autor o autora del relato ganador, y el secretario del concurso sacó un fichero donde tenía recogidos los títulos de las obras, los seudónimos, la identidad y la localidad desde donde se habían enviado, y que son las siguientes:
Texto ganador: 
“La poza verde”   Nanai   Carmen González López   Jerez de la Frontera (Cádiz).
Textos finalistas:
“Por el Camino de las estrellas empujados por la Fe”   Soy peregrino   Antonio  Gavilanes Pérez   Tordesillas (Valladolid)
“Una promesa”   Leonardo Bruni   Helena Terrados   Cadalso de los Vidrios  (Madrid).
Textos destacados:
“El milagro”   Ruido   Lourdes Aso Torralba    Jaca (Huesca)  y
“El séptimo día”   Funko    Celia Roca Martín    Barcelona.
Otros textos presentados: 
“Caminar con la inocencia”   Casiopea   Isabel García Viñao    Aratores (Huesca)
“La Santa Compaña”    M. Ulloa    Miguel A Gutiérrez Naranjo    Sevilla
“El perro del peregrino”    Brisca    Herminia Dionís Piquero   Huesca
“Donde el Camino empieza en los demás”   Carmen Álvarez    José Antonio López
 Álvarez    Cadalso de los Vidrios   (Madrid)
“La búsqueda”    Fenix    Adriana Villamar Martínez    Cadalso de los Vidrios (Madrid).
 
            Se acuerda felicitar a todos los participantes y se propone la publicación en el blog de la Asociación de todos los textos presentados.
            Se da por concluida la sesión poco antes de las 20 horas del viernes 10 de abril de 2026 en Cadalso de los Vidrios.
 
            Redacta el acta: Javier Perals, secretario de la AACSCV.