CADALSO CAMINO DE SANTIAGO BLOG DE LA ASOCIACIÓN DE AMIGOS DEL CAMINO DE SANTIAGO EN CADALSO DE LOS VIDRIOS Foto de Ana Sibert
Concurso de Pintura AACSCV 2026
Concurso de Pintura AACSCV2026
PATROCINADORES 2026-1
La Asociación de Amigos del Camino de Santiago en Cadalso de los Vidrios agradece su colaboración a todos nuestros PATROCINADORES. Muchas Gracias.
PATROCINADORES 2026-2
La Asociación de Amigos del Camino de Santiago en Cadalso de los Vidrios agradece su colaboración a todos nuestros PATROCINADORES. Muchas gracias. Hemos prorrogado este patrocinio para 2025 a todos nuestros patrocinadores de 2024, a los que hay que añadir a la empresa "Extintores Hermanos Zoyo".
Mesa informativa en La Corredera
Ayuda a Venezuela
MAPA DE METRO DE LOS CAMINOS DE SANTIAGO
FEDERACIÓN DE ASOCIACIONES DEL CAMINO DE SANTIAGO LEVANTE-SURESTE
MAPA FOLLETO
MAPA DEL CAMINO DEL SURESTE A SU PASO POR LA PROVINCIA DE MADRID, DESDE ESCALONA A CADALSO Y DE CADALSO HASTA CEBREROS, CON FOTOS DE LUGARES SINGULARES DE TODAS LAS POBLACIONES.
INFORMACIÓN FOLLETO
CARA DE INFORMACIÓN DEL MAPA DE LAS ETAPAS DEL CAMINO DEL SURESTE A SU PASO POR LA PROVINCIA DE MADRID ENTRE ESCALONA (TOLEDO) Y CEBREROS (ÁVILA) CON INFORMACIÓN DE LOS RECURSOS EN LOS DISTINTOS MUNICIPIOS. ESTE FOLLETO HA SIDO EDITADO POR LA ASOCIACIÓN DE AMIGOS DEL CAMINO DE SANTIAGO EN CADALSO DE LOS VIDRIOS CON EL PATROCINIO DE LA CONSEJERÍA DE TURISMO DE LA COMUNIDAD DE MADRID. AGRADECEMOS AL AYUNTAMIENTO DE CADALSO SU COLABORACIÓN.
jueves, 30 de julio de 2026
miércoles, 8 de julio de 2026
MARCHA NOCTURNA A LA PEÑA MUÑANA 2026
El pasado viernes 3 de julio de 2026, la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Cadalso de los Vidrios organizó una vez más la marcha nocturna a la Peña Muñana, una actividad que reunió a numerosos socios, socias, simpatizantes, vecinos y vecinas con un objetivo muy sencillo: disfrutar de nuestro entorno desde una perspectiva diferente.
Quedamos a las 21:30h en la Plaza del Ayuntamiento e iniciamos nuestro camino pasando por La Corredera, la Huerta y llegando a La Castellana. A medida que el Sol se iba poniendo, iniciamos la subida a uno de los miradores naturales más emblemáticos de nuestro municipio. Durante el camino realizamos varias paradas para conocer mejor la riqueza natural, el origen geológico y un poco de historia de este enclave, hablando del paisaje granítico que caracteriza nuestra comarca, de la flora y la fauna que habitan estos montes y de la importancia estratégica que tuvo la Peña Muñana como punto de vigilancia a lo largo de la historia.
Durante la subida pudimos ver las canteras de granito, admirar el Pico del Fraile y la Monja, y comprobar una vez más como se transformó el terreno tras el incendio de 2019. Antes de llegar a la cima en la lejanía de veían antenas y miles de pequeñas luces, había muy buena visibilidad. Justo subiendo el tramo de escaleras una pequeñita luz nos sorprendió, una luciérnaga brillaba fuerte justo en el tramito antes de llegar al punto más alto.
Ya en la cima, el vértice geodésico nos recordó la importancia de este lugar como punto de referencia del territorio, al igual que los restos de la antigua Atalaya andalusí. Su origen nos recuerda que básicamente una de sus funciones de vigilancia sigue siendo la misma que hoy día ya que tiene el puesto de vigilancia de bomberos. Mientras contemplamos las magníficas vistas del pueblo nocturno recordando el privilegio que supone poder disfrutar de espacios como este tan cerca de casa. La noche también nos regaló el paso de varios aviones sobre nuestras cabezas y un cielo que nos permitió identificar algunas de las estrellas y constelaciones más características del verano. En la cima Richard nos hizo estas magníficas fotos de grupo.
Desde la Asociación queremos agradecer la asistencia y el entusiasmo de todos los participantes, así como el respeto mostrado hacia el entorno durante toda la actividad. Esperamos que esta marcha haya servido no solo para pasar una agradable noche de verano, sino también para valorar un poco más el patrimonio natural, histórico y paisajístico que tenemos la suerte de conservar en Cadalso de los Vidrios.
¡Nos vemos en la próxima actividad!
Fotos de Richard Pickers y Uge Baquera
Texto de Ester López
jueves, 11 de junio de 2026
PATRIMONIO HISTÓRICO ARTÍSTICO DE CADALSO DE LOS VIDRIOS
EL RICO PATRIMONIO HISTÓRICO ARTÍSTICO DE CADALSO DE LOS VIDRIOS.
Por empezar por los que se suponen más antiguos, en este caso de origen vetón, tenemos varios yacimientos de tumbas excavadas en piedra, en Prao Porrilla, la Media Legua, la Tumba del Rey Moro, el resto vetón de La Torrecilla y alguno más cercano a la carretera de Madrid. Por confirmar estarían unas supuestas pinturas rupestres que aún no han sido estudiadas y unos hornos de fundición en la zona de la Peña.
Tenemos también restos de época árabe, como la fortificación y recinto romano-árabe de Peña Muñana, el llamado molino árabe de El Molinillo, el resto de la muralla medieval, la fuente de La Peluquera o las Cuevas del Pilar.
Ya de época moderna podemos citar la Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, la Casa de los Salvajes o de los Austrias, la fuente del Pilar, la Ermita de San Antón o casa del Ermitaño, la portada Isabelina con concha peregrina en La Plazolilla y los bordillos con inscripciones recuperados del antiguo Campo Santo que pueden verse en la calle de Eijo Garay.
Más actuales son la Casa cuartel de la Guardia Civil, el Monumento a “mi pueblo”, el monumento de bienvenida a Cadalso en la rotonda de entrada de la carretera de San Martín, el monumento al Cantero, el monumento de columnas graníticas en la entrada de la carretera de Madrid, el monumento de columnas en el Parque de Abzac, el monumento en la rotonda de la carretera de Rozas, la Bodega cooperativa Cristo del Humilladero y el Museo del Bombero Forestal.
También hay en Cadalso pequeños tesoros como el nombre de barrios y calles con azulejos, y se conservan aún muchas arandelas, herraduras y clavos que se colocaban a las puertas de casas y cuadras para sujetar a las caballerías mientras se descargaban los productos del campo.
No desmerecen todas las imágenes que se conservan en la Iglesia parroquial aunque la mayor parte de ellas son del siglo XX.
Fotos: Richard Pickers, Javier Perals y web sobre Sagrada Familia.
Texto:
Javier Perals.
lunes, 1 de junio de 2026
NACIONALIDADES DE LOS PEREGRINOS AGOGIDOS EN BETANIA.
Informé de esta coincidencia a la Junta Directiva y Ester nos propuso colocar un mapamundi en el albergue para que cada peregrino pudiera poner un alfiler señalador en su país de origen. Raquel nos ha ofrecido un panel de corcho para colocar ese mapa.
Como a mí me gusta mucho la estadística, enseguida me puse a confeccionar una tabla en la que vinieran indicadas las nacionalidades de los peregrinos que acogemos en Betania.
sábado, 30 de mayo de 2026
UN PASEO POR CADALSO. PROYECTO DE MEDIO AMBIENTE.
UN PASEO POR CADALSO. PROYECTO DE MEDIO AMBIENTE.
Se trata de promover unas actividades de concienciación para niños, jóvenes y adultos sobre la imperiosa necesidad de la Conservación del Medio Ambiente y concretar una serie de acciones que pongan de manifiesto nuestro compromiso de conservación de la Naturaleza.
Al reunirnos por la mañana en la Corredera se repartirán bolsas, guantes y mascarillas. Nos distribuiremos en grupos por las zonas señaladas y comenzaremos la recogida. Intentaremos al mismo tiempo clasificar los residuos: plásticos y envases en una bolsa, papel limpio en otra y basuras y desperdicios en otra. Cuando estén llenas se colocarán en el margen de la carretera para facilitar su recogida por los vehículos, que las llevarán hasta el punto limpio.
Necesitamos la colaboración e implicación de todos y todas, tanto a nivel personal como en grupo. Esperamos la participación de:
domingo, 17 de mayo de 2026
UN RECUERDO DE MANUEL ALCORLO
El primer recuerdo que tengo de él fue en la tienda de mi tía Paqui. Recuerdo a un señor de pelo canoso y gafas que amablemente pedía lo que necesitaba. Al salir me dijeron que era Alcorlo, que era pintor. En aquellas palabras con las que me explicaban quién era sentía la admiración y el respeto hacia él. Desde entonces, siempre que lo veía por el pueblo, esa mirada se trasladó también a mí.
Quizá desde siempre he oído historias en mi familia sobre él, sobre lo importante que era su arte, sus obras. He oído historias a mi padre sobre cuando pintó algún mural en el pueblo y aquel dibujo que con orgullo presidía el salón de la casa de algún familiar. Cuando era más pequeña no entendía muy bien lo que significaba, pero sabía que en todo ello había algo importante, algo de lo que enorgullecerse al decir que Manuel Alcorlo era vecino de Cadalso.
Cuando fui más mayor, y dentro de Bellas Artes todo empezó a cobrar sentido, más aún al escuchar su nombre en boca de algún profesor de pintura. Hace unos años tuve la suerte de encontrarme con Carmen, su mujer. Ella me invitó a ver el estudio y quedé maravillada con esa pequeña joya, con sus historias, con su amabilidad y generosidad. Siempre estaré muy agradecida.
Manuel Alcorlo deja una obra inmensa y reconocida dentro de la pintura, el dibujo y el grabado español, reconocido como uno de los grandes virtuosos del siglo XX y XXI. Su universo lleno de imaginación, símbolos y escenas casi teatrales han hecho que su trabajo traspasara fronteras y pasara de generación en generación, construyó su lenguaje propio y reconocible al instante.
Cadalso ha tenido la suerte de cruzarse con artistas que dejaron huella, como Forges, con su mirada humana e inteligente, o el escultor Juan Cristóbal González. Figuras distintas, pero unidas por algo importante: demostrar que el arte y la cultura también pueden echar raíces en los pueblos y formar parte de su identidad y memoria.
Cadalso pierde a uno de sus vecinos más ilustres pero su obra, su recuerdo y la huella que dejó en tantas personas que, incluso sin entender todavía del todo quien era aquel hombre de pelo canoso y gafas, intuíamos que estábamos delante de alguien importante.
domingo, 10 de mayo de 2026
UNA PROMESA
Una promesa
Nada
más rozarla, sentí que ese era el final.
Trémulo,
vacilante, con gran dificultad había conseguido llegar hasta ella. Me fallaban
las piernas, temblaban mis pasos y mi respiración, entrecortada por el
agotamiento, me impedía tomar plena consciencia de mis acciones. Apenas pude
inspirar una última bocanada de aire para conseguir la fuerza necesaria, dar un
paso ¾sólo
un paso más¾
y alcanzarla. Entonces alargué el brazo y la sentí: por fin la sentí. Fría,
tersa bajo mi mano.
En
cuanto su piel rozó la mía, supe que debía detenerlo.
Asustado,
inseguro, noté cómo su cuerpo cálido y exhausto se aproximaba; su alma, en
cambio, aún estaba lejos, en busca de respuestas. Quería hablarle y atenuar su
angustia, quería abrazar su incertidumbre y abrir sus ojos a la luz del mundo, quería
que contemplara los rayos de seda y el musgo de la historia; quería enseñarle a
ver, a escuchar. Me rozó, sí, me rozó, y, con un tenue susurro, alumbré el
recuerdo en su pecho.
El
tiempo parecía suspendido entre las sombras de los robles que flanqueaban mi
camino. Subía, subía, subía y como compañero sólo tenía al estío, que, entre el
ramaje, amenazaba con seguir abrasando mi rostro. Subía, subía. La cuesta
parecía no tener fin y mis muslos agarrotados me imploraban que me detuviera.
Pero no podía hacerlo, otra vez no. Sabía que todavía me quedaban muchos
kilómetros hasta Arzúa y necesitaba terminar esa jornada. Terminar, sí,
terminar por él. El agotamiento pesaba sobre mis hombros y la tristeza, lejos
de disiparse, arraigaba en mi interior, más y más honda con el paso de los
días. Le echaba de menos. Era él quien soñaba con esta aventura... era él quien
siempre había querido que camináramos juntos.
Sin
aliento, alcancé la cima y me detuve, sólo unos segundos, a coger resuello y a
hablarle, como solía; a decirle que estábamos muy cerca, que ya quedaba menos y
que, al llegar, le pondría a los pies de la imagen. Metí la mano en el bolsillo…
pero no estaba.
Era
imposible que no estuviera, así que seguí rebuscando, sin éxito. La esclava,
¡la esclava! Gélida, sentí cómo la angustia me desgarraba: había perdido su
esclava de plata. Había perdido mi promesa. Le había fallado. Caí de rodillas y,
con un hilo de voz, apenas pude alzar la mirada y decir: «perdóname,
papá».
Le vi
confuso, perdido, sin esperanza, y le pedí que recordara, que volara la imagen a
su corazón. El atardecer y el final de la etapa. Recuerda, recuerda. El sol
baña tus dudas y, después, se esconde perezoso bajo el manto de la tarde. Un
sendero grabado en lo profundo dibuja los rostros del encuentro afortunado. Que
la conversación cobije tu alma, que el tiempo se instale en la hondura.
Recuerda, sí, y sé parte del mundo.
Después
de descansar un rato, me dirigí a la sala común del albergue, que se encontraba
en un patio interior. Allí, un grupo de lo más variopinto cenaba y charlaba
bajo el cielo nocturno, compartiendo experiencias del viaje. Me senté lejos; no
me apetecía hablar con nadie aquella noche, y mucho menos escuchar las
edulcoradas aventuras de un puñado de soñadores. Mi decisión era firme: al día
siguiente volvería a casa. No tenía ningún sentido seguir sufriendo y continuar
el camino solo. Lo había comenzado por él, y, sin su recuerdo, ya no me
quedaban ganas ni fuerzas.
La
conversación me irritaba: todavía pensaban que formaban parte de algo más grande.
¡Ilusos! Yo no seguiría perdiendo mi tiempo, ya no. De sus voces me llegaban
apenas retazos cuando, de repente, alcancé a oír una historia mucho más
interesante. «No hay premio más bello para el peregrino que acariciarla». Escucha.
«Dicen que ella custodia el enigma del tiempo». Escucha.
Escucha el porqué que ondula entre susurros. «Si
logras llegar a ella, lo escuchas a Él». «Sólo
así todo lo demás merece la pena. Sólo así encuentras el verdadero sentido.
Sólo así puedes comprenderte».
Escucha.
Escucha a la voz que siempre está. No la mía, no: la que emerge de la sangre y anega
tus costuras. La voz que es en ti. Conoce la tierra de siglos hollada y el
claro peregrinar del latido. Aquí donde cientos de ojos te observan desde lo
alto, donde te acompaña la luz maestra y revelada; aquí, donde estás, es donde
empezarás a ser. Aquí es donde eres. Y él contigo. Y Él en ti. Comprende que el
tiempo no es ascuas ni plata ni noches. Conoce. Comienza. Abre los ojos.
Fría,
tersa bajo mi mano. La piedra del parteluz se entrelazaba con mis dedos, como
si me acariciaran siglos de refugio y consuelo y me envolviera la respuesta
entre las jambas. Me hablaba. La piedra me hablaba, o yo la oía. La rocé
suavemente con mis yemas…
¡Detente,
viajero! No eres el primero que abraza estos recodos, ni serás el último en
contemplar la luz que señorea entre los arcos. Alza la vista y observa: hiere
dorado a dorado, el sol peregrino al hogar del Santo, y alumbran ambos al alma
cansada. Detente y contempla el azul penitente invadiendo los vidrios, los
siglos cristalizando en una caricia. A través de tu piel, escucha al fraile que
quiso reafirmar su fe, a la joven que necesitaba comprenderse; escucha a la
viuda en busca de alivio y al anciano perseguir el indefectible fugarse de la
vida. El polvo ha sido su compañero en el viaje, ineluctable polvo de un tiempo
compartido. El polvo, sí, y la palabra. Hoy y siempre, sabréis que no habéis
caminado solos. Detente, peregrino, y escucha el rumor de la Historia...
… y abrí
los ojos. Apoyado sobre ella, sobre esa piedra testigo de tantas fatigas, baluarte
que quiebra de gloria la entrada, supe que no había hecho sino comenzar. Vi que
las huellas no quedan en el barro, que hacer Camino es impregnar el alma y que
el sendero se grabe en la sangre. Escuché su voz siempre viva: que él caminaba
conmigo, que siempre lo había hecho. Y con él, el mundo. Y conmigo, el cielo.
Nada más rozarla, comprendí que ese era el comienzo, y que nunca estaría solo.
Autora: Helena Terrados, Cadalso de los Vidrios.
viernes, 1 de mayo de 2026
POR EL CAMINO DE LAS ESTRELLAS EMPUJADOS POR LA FE.
POR EL CAMINO DE LAS ESTRELLAS EMPUJADOS POR LA FE
Hace
muchos siglos, cuando los caminos eran de tierra y los corazones aún creían en
milagros, tres peregrinos se encontraron en un cruce de senderos en la vasta
meseta de Castilla, no lejos de la villa de Frómista, en pleno Camino de
Santiago.
Eran tres hombres muy distintos, pero unidos por una misma fe y un mismo destino: llegar a la tumba del Apóstol en Compostela.
El
primero se llamaba Teobaldo, un monje anciano que venía desde la lejana región
de la Bretaña. Decía haber partido del monasterio al oír en sueños el tañido de
una campana que no pertenecía a su abadía. Llevaba consigo un bastón tallado
con símbolos antiguos —nudos, peces y estrellas entrelazadas— y una reliquia
envuelta en lino, que nunca mostraba a nadie. Sus ojos grises parecían haber
visto demasiados inviernos, pero en ellos ardía aún una llama serena.
El
segundo, Martín, era un joven soldado, herido en cuerpo y alma por las guerras
que había vivido. Una cicatriz le cruzaba el rostro como una sombra permanente.
Buscaba redención por los pecados cometidos con su espada, pues en las noches
de campamento aún escuchaba los gritos de hombres que ya no estaban en este
mundo. Caminaba con la espalda recta, como si todavía respondiera a órdenes
invisibles.
El
tercero, Gaspar, era un campesino castellano, ancho de hombros y manos
curtidas. Había prometido hacer el Camino si la sequía que azotaba sus campos
terminaba. Cuando por fin llovió —tras meses de cielo agrietado y tierra
cuarteada— dejó su azada clavada en la tierra húmeda y emprendió la marcha sin
mirar atrás, llevando en su bolsa un trozo de pan de centeno y un puñado de la
primera tierra mojada.
Los
tres peregrinos caminaron juntos durante días, cruzando llanuras interminables
donde el viento silbaba como un coro invisible. Compartieron pan duro, agua
escasa y muchas historias. Teobaldo hablaba de monasterios junto al mar y de
manuscritos iluminados con oro. Martín relataba batallas con voz baja, como si
temiera despertar a los fantasmas. Gaspar contaba cómo el trigo se inclina
antes de la tormenta, como si rezara.
Al
llegar a Frómista, se sorprendieron por la belleza del lugar. Los campos de
trigo mecían sus espigas como un mar dorado bajo el cielo inmenso. Y allí,
majestuosa aun incompleta, se alzaba la iglesia
de San Martín, que parecía surgir de la tierra como un sueño de piedra.
Sus capiteles, aún recién tallados, mostraban bestias fantásticas, hojas
enroscadas y figuras que parecían observar a los vivos con ojos de eternidad.
Esa noche, decidieron dormir junto al canal, en la tranquilidad de un campo cercano, pero no pudieron pegar ojo. Un frío extraño descendió de repente, y una niebla espesa se levantó como si saliera del suelo mismo. De la bruma emergió una figura encapuchada, alta y silenciosa. No era ni hombre ni sombra. Llevaba una concha de vieira colgada al cuello, pero sus ojos no mostraban vida.
—¿Sois verdaderos peregrinos del
Camino? —preguntó con voz grave.
Los tres hombres se miraron, y el monje
fue el primero en hablar.
—Lo somos, y caminamos por fe, no por
fama.
El ser los observó y señaló con un dedo
huesudo la iglesia aún incompleta.
—Antes de continuar, habéis de dejar
aquí una parte de vuestro ser. Solo así el Camino os dejará pasar sin cargar
con más peso del que el alma puede llevar.
Dicho esto, desapareció en la niebla,
dejando solo el eco de sus palabras.
A la mañana siguiente, cuando
despertaron, creyeron que había sido un sueño. Pero la niebla no se disipaba, y
el frío persistía. Teobaldo, el monje, fue el primero en entender: el espíritu
era un guardián del Camino, un alma errante que velaba por los que andaban con
intención pura.
Así, los tres peregrinos decidieron cumplir con lo que se les había pedido. Teobaldo, el monje, entró en la iglesia inacabada y enterró allí su reliquia: un pequeño fragmento de hueso que, según decía, pertenecía a uno de los discípulos del Apóstol. Al dejarlo, dijo: "Que aquí florezca la fe de los caminantes." En ese instante, la niebla se retiró de parte del campo, como si saludara su ofrenda.
Martín, el soldado, se arrodilló frente
al altar aún en construcción y clavó allí su espada, hincándola entre las
piedras como si dejara su pasado para siempre. "Ya no mataré por mandato
humano, sino que viviré por mandato divino." Al hacerlo, sintió que el
peso en su espalda desaparecía.
Gaspar, el campesino, sacó de su bolsa
un puñado de tierra húmeda de su aldea, que había traído como símbolo de su
promesa cumplida. Lo depositó en el umbral del templo y dijo: "Que la
tierra dé fruto a los que tienen fe." Justo en ese momento, una flor blanca
brotó entre las piedras.
La niebla se desvaneció por completo, y
una luz cálida bañó la iglesia. En el cielo, un grupo de aves cruzó en
formación, como señal divina.
Desde ese día, los tres peregrinos
continuaron su camino hasta Santiago, pero la historia de su paso por Frómista
se quedó en la tierra y en las piedras. La iglesia de San Martín fue terminada
poco después, y algunos dicen que, al caer la tarde, si uno se sienta en
silencio junto al altar, puede escuchar los pasos de tres hombres y el murmullo
de una voz que aún pregunta:
—¿Sois verdaderos peregrinos del
Camino?
Así nació la Leyenda de los Tres
Peregrinos de Frómista, una historia que los lugareños aún cuentan a los
peregrinos curiosos, y que recuerda que en el Camino, más que los pies, camina
el alma.
Autor: Antonio Gavilanes Pérez, hospitalero del Albergue de peregrinos de Tordesillas.
miércoles, 29 de abril de 2026
ACTIVIDADES RECIENTES DE LA AACSCV.
ACTIVIDADES RECIENTES DE LA AACSCV EN CADALSO.
- Presentación de dos novelas peregrinas de Carlos Javier Vega Briz, "Finisterre, una luz más allá del Camino" y "Tras las huellas de Tristán (vive el Camino Primitivo)", de las que , por cierto, nos ha regalado un ejemplar de cada para la Asociación. También hemos dejado ejemplares en el Albergue Betania para que los peregrinos puedan conocerlos.

























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