PATROCINADORES 2026-1

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La Asociación de Amigos del Camino de Santiago en Cadalso de los Vidrios agradece su colaboración a todos nuestros PATROCINADORES. Muchas Gracias.

PATROCINADORES 2026-2

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La Asociación de Amigos del Camino de Santiago en Cadalso de los Vidrios agradece su colaboración a todos nuestros PATROCINADORES. Muchas gracias. Hemos prorrogado este patrocinio para 2025 a todos nuestros patrocinadores de 2024, a los que hay que añadir a la empresa "Extintores Hermanos Zoyo".

VISITA A LA TORRE DE LA IGLESIA

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NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCIÓN. CADALSO

MAPA DE METRO DE LOS CAMINOS DE SANTIAGO

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FEDERACIÓN DE ASOCIACIONES DEL CAMINO DE SANTIAGO LEVANTE-SURESTE

MAPA FOLLETO

MAPA FOLLETO
MAPA DEL CAMINO DEL SURESTE A SU PASO POR LA PROVINCIA DE MADRID, DESDE ESCALONA A CADALSO Y DE CADALSO HASTA CEBREROS, CON FOTOS DE LUGARES SINGULARES DE TODAS LAS POBLACIONES.

INFORMACIÓN FOLLETO

INFORMACIÓN FOLLETO
CARA DE INFORMACIÓN DEL MAPA DE LAS ETAPAS DEL CAMINO DEL SURESTE A SU PASO POR LA PROVINCIA DE MADRID ENTRE ESCALONA (TOLEDO) Y CEBREROS (ÁVILA) CON INFORMACIÓN DE LOS RECURSOS EN LOS DISTINTOS MUNICIPIOS. ESTE FOLLETO HA SIDO EDITADO POR LA ASOCIACIÓN DE AMIGOS DEL CAMINO DE SANTIAGO EN CADALSO DE LOS VIDRIOS CON EL PATROCINIO DE LA CONSEJERÍA DE TURISMO DE LA COMUNIDAD DE MADRID. AGRADECEMOS AL AYUNTAMIENTO DE CADALSO SU COLABORACIÓN.

domingo, 10 de mayo de 2026

UNA PROMESA

 Una promesa

     Nada más rozarla, sentí que ese era el final.

    Trémulo, vacilante, con gran dificultad había conseguido llegar hasta ella. Me fallaban las piernas, temblaban mis pasos y mi respiración, entrecortada por el agotamiento, me impedía tomar plena consciencia de mis acciones. Apenas pude inspirar una última bocanada de aire para conseguir la fuerza necesaria, dar un paso ¾sólo un paso más¾ y alcanzarla. Entonces alargué el brazo y la sentí: por fin la sentí. Fría, tersa bajo mi mano.


     Escuché por primera vez su historia en el albergue de Arzúa, después de la etapa más dura del viaje. Fue ella la que me hizo recobrar las fuerzas; fue ella la que impidió que abandonara.

     En cuanto su piel rozó la mía, supe que debía detenerlo.

    Asustado, inseguro, noté cómo su cuerpo cálido y exhausto se aproximaba; su alma, en cambio, aún estaba lejos, en busca de respuestas. Quería hablarle y atenuar su angustia, quería abrazar su incertidumbre y abrir sus ojos a la luz del mundo, quería que contemplara los rayos de seda y el musgo de la historia; quería enseñarle a ver, a escuchar. Me rozó, sí, me rozó, y, con un tenue susurro, alumbré el recuerdo en su pecho.

    El tiempo parecía suspendido entre las sombras de los robles que flanqueaban mi camino. Subía, subía, subía y como compañero sólo tenía al estío, que, entre el ramaje, amenazaba con seguir abrasando mi rostro. Subía, subía. La cuesta parecía no tener fin y mis muslos agarrotados me imploraban que me detuviera. Pero no podía hacerlo, otra vez no. Sabía que todavía me quedaban muchos kilómetros hasta Arzúa y necesitaba terminar esa jornada. Terminar, sí, terminar por él. El agotamiento pesaba sobre mis hombros y la tristeza, lejos de disiparse, arraigaba en mi interior, más y más honda con el paso de los días. Le echaba de menos. Era él quien soñaba con esta aventura... era él quien siempre había querido que camináramos juntos.


   Subía, subía. Su recuerdo me hacía vencer el cansancio, mi cuerpo sólo conseguía moverse si pensaba en aquella promesa. Subía, subía. «Llegaré y te pondré a sus pies». Subía. «Llegaré y tú llegarás conmigo». Subía. «Haremos juntos el Camino».

    Sin aliento, alcancé la cima y me detuve, sólo unos segundos, a coger resuello y a hablarle, como solía; a decirle que estábamos muy cerca, que ya quedaba menos y que, al llegar, le pondría a los pies de la imagen. Metí la mano en el bolsillo… pero no estaba.

    Era imposible que no estuviera, así que seguí rebuscando, sin éxito. La esclava, ¡la esclava! Gélida, sentí cómo la angustia me desgarraba: había perdido su esclava de plata. Había perdido mi promesa. Le había fallado. Caí de rodillas y, con un hilo de voz, apenas pude alzar la mirada y decir: «perdóname, papá».

    Le vi confuso, perdido, sin esperanza, y le pedí que recordara, que volara la imagen a su corazón. El atardecer y el final de la etapa. Recuerda, recuerda. El sol baña tus dudas y, después, se esconde perezoso bajo el manto de la tarde. Un sendero grabado en lo profundo dibuja los rostros del encuentro afortunado. Que la conversación cobije tu alma, que el tiempo se instale en la hondura. Recuerda, sí, y sé parte del mundo.

    Después de descansar un rato, me dirigí a la sala común del albergue, que se encontraba en un patio interior. Allí, un grupo de lo más variopinto cenaba y charlaba bajo el cielo nocturno, compartiendo experiencias del viaje. Me senté lejos; no me apetecía hablar con nadie aquella noche, y mucho menos escuchar las edulcoradas aventuras de un puñado de soñadores. Mi decisión era firme: al día siguiente volvería a casa. No tenía ningún sentido seguir sufriendo y continuar el camino solo. Lo había comenzado por él, y, sin su recuerdo, ya no me quedaban ganas ni fuerzas.

    La conversación me irritaba: todavía pensaban que formaban parte de algo más grande. ¡Ilusos! Yo no seguiría perdiendo mi tiempo, ya no. De sus voces me llegaban apenas retazos cuando, de repente, alcancé a oír una historia mucho más interesante. «No hay premio más bello para el peregrino que acariciarla». Escucha. «Dicen que ella custodia el enigma del tiempo». Escucha. Escucha el porqué que ondula entre susurros. «Si logras llegar a ella, lo escuchas a Él». «Sólo así todo lo demás merece la pena. Sólo así encuentras el verdadero sentido. Sólo así puedes comprenderte».


    Algo en mí despertó entonces. Un indecible impulso por terminar lo que había empezado. No comprendía, ¡no comprendía! No comprendía por qué se había ido, por qué me había dejado, precisamente ahora, solo. Y no comprendía por qué no había sido capaz de cumplir mi promesa. Necesitaba encontrar la respuesta, el sentido. La verdad. Por eso debía continuar y llegar hasta ella. Solo ahora, seguiría caminando.

    Escucha. Escucha a la voz que siempre está. No la mía, no: la que emerge de la sangre y anega tus costuras. La voz que es en ti. Conoce la tierra de siglos hollada y el claro peregrinar del latido. Aquí donde cientos de ojos te observan desde lo alto, donde te acompaña la luz maestra y revelada; aquí, donde estás, es donde empezarás a ser. Aquí es donde eres. Y él contigo. Y Él en ti. Comprende que el tiempo no es ascuas ni plata ni noches. Conoce. Comienza. Abre los ojos.

    Fría, tersa bajo mi mano. La piedra del parteluz se entrelazaba con mis dedos, como si me acariciaran siglos de refugio y consuelo y me envolviera la respuesta entre las jambas. Me hablaba. La piedra me hablaba, o yo la oía. La rocé suavemente con mis yemas…

    ¡Detente, viajero! No eres el primero que abraza estos recodos, ni serás el último en contemplar la luz que señorea entre los arcos. Alza la vista y observa: hiere dorado a dorado, el sol peregrino al hogar del Santo, y alumbran ambos al alma cansada. Detente y contempla el azul penitente invadiendo los vidrios, los siglos cristalizando en una caricia. A través de tu piel, escucha al fraile que quiso reafirmar su fe, a la joven que necesitaba comprenderse; escucha a la viuda en busca de alivio y al anciano perseguir el indefectible fugarse de la vida. El polvo ha sido su compañero en el viaje, ineluctable polvo de un tiempo compartido. El polvo, sí, y la palabra. Hoy y siempre, sabréis que no habéis caminado solos. Detente, peregrino, y escucha el rumor de la Historia...

… y abrí los ojos. Apoyado sobre ella, sobre esa piedra testigo de tantas fatigas, baluarte que quiebra de gloria la entrada, supe que no había hecho sino comenzar. Vi que las huellas no quedan en el barro, que hacer Camino es impregnar el alma y que el sendero se grabe en la sangre. Escuché su voz siempre viva: que él caminaba conmigo, que siempre lo había hecho. Y con él, el mundo. Y conmigo, el cielo.


 Nada más rozarla, comprendí que ese era el comienzo, y que nunca estaría solo.

     TEXTO FINALISTA EN EL VI CONCURSO DE RELATO CORTO organizado por la Asociación del Camino de Santiago en Cadalso de los Vidrios.

     Autora: Helena Terrados, Cadalso de los Vidrios.

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