SOPLONES
Una de las primeras cosas que me enseñaron cuando vine las primeras veces a Cadalso, es que a sus gentes, naturales de aquí, se les llamaba "soplones", debido a las fábricas de vidrio soplado que hubo en la localidad.
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Palacio-castillo sede del MAVA, en Alcorcón. |
Años más tarde un cadalseño me dijo que no estaba muy claro si lo de soplones venía por lo de las fábricas de vidrio, o si venía por la afición a beber vino, que era una tradición más antigua que la de soplar vidrio.
Tomé esta última enseñanza como una broma y pregunté si por el hecho de vivir en Cadalso podía considerarme soplón. En cierto modo me desconsoló la respuesta: "Soplones, soplones, los nacidos en Cadalso".
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Ángel trabajando el vidrio con las pinzas |
Aunque ya hace bastante tiempo que vivo aquí, y generalmente me considero del sitio donde vivo, me considero "cadalseño" desde hace tiempo, pero desde el martes 10 de noviembre de 2015, además me considero "soplón".
Gracias a Ángel Sánchez Moreno, más conocido como "Canillo", hemos podido apuntarnos a unas actividades de la XV Semana de la Ciencia que han tenido lugar en el MAVA (Museo de Arte en Vidrio de Alcorcón) y que ha incluido una experiencia inolvidable, fabricar dos objetos en vidrio, uno a partir de una pella o masa y otro a partir de una burbuja de vidrio, burbuja que se consigue soplando el vidrio por una caña metálica.
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Soplando el vidrio. |
Con Alba Martín, la profesora, y con Alberto que nos dio numerosas explicaciones, aprendimos el nombre de las herramientas que se usan en la fabricación artesanal del vidrio.
También aprendimos que el horno tarda muchas horas en coger la temperatura idónea para que funda el vidrio, que debe estar en torno a 1.200 grados para que el vidrio se pueda calentar y se pueda trabajar, que tras sacarlo del horno el vidrio enfría rápidamente (y a los novatos antes) y que hay que trabajar rápido y con las ideas claras. Que a pesar del calor que pasamos el riesgo de quemaduras es remoto si se siguen unas simples medidas de protección. Y muchas cosas más que de momento quedan en nuestra vivencia personal.
Y allí estábamos los dos, calentando el ferre, cogiendo vidrio del crisol, dándole formas con las pinzas, precortándolo con "los hierros" o con la "tijera redonda", mojándolo por la zona de corte y dándole una pequeña sacudida para que la pieza se desprendiera.
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Ángel señala el corte de la pieza de vidrio con las tijeras redondas |
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Ángel marca el punto de rotura con los hierros tras meterlos en agua. |
Luego hacerle una base y rápidamente al horno de enfriado (que está a unos 500 grados) para que el vidrio no rompa por un enfriamiento muy veloz.
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Alba, Alberto y Ángel tras depositar la pieza en el horno de enfriado. |
En los ferres y en las cañas quedaban masa de vidrio que al enfriarse estallaban en pedazos, menos mal que Alba los metía en una papelera metálica y allí quedaban los fragmentos.
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Foto borrosa de Alba colocando ferres y cañas en las papeleras metálicas. |
Después vino el soplado y lo difícil es que empiece a formarse la burbuja (como inflar un globo), así que recibí una pequeña ayuda de Alba.
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Dando forma a la masa sobre una base metálica. |
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Ángel soplando el vidrio. |
Soplar el vidrio y suavizarlo con un periódico mojado, apenas a un centímetro de la masa incandescente, es algo que creo que nunca olvidaré.
Fotos de Alberto y Javier.
Texto: Javier Perals