PATROCINADORES 2026-1

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La Asociación de Amigos del Camino de Santiago en Cadalso de los Vidrios agradece su colaboración a todos nuestros PATROCINADORES. Muchas Gracias.

PATROCINADORES 2026-2

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La Asociación de Amigos del Camino de Santiago en Cadalso de los Vidrios agradece su colaboración a todos nuestros PATROCINADORES. Muchas gracias. Hemos prorrogado este patrocinio para 2025 a todos nuestros patrocinadores de 2024, a los que hay que añadir a la empresa "Extintores Hermanos Zoyo".

VISITA A LA TORRE DE LA IGLESIA

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NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCIÓN. CADALSO

MAPA DE METRO DE LOS CAMINOS DE SANTIAGO

MAPA DE METRO DE LOS CAMINOS DE SANTIAGO
FEDERACIÓN DE ASOCIACIONES DEL CAMINO DE SANTIAGO LEVANTE-SURESTE

MAPA FOLLETO

MAPA FOLLETO
MAPA DEL CAMINO DEL SURESTE A SU PASO POR LA PROVINCIA DE MADRID, DESDE ESCALONA A CADALSO Y DE CADALSO HASTA CEBREROS, CON FOTOS DE LUGARES SINGULARES DE TODAS LAS POBLACIONES.

INFORMACIÓN FOLLETO

INFORMACIÓN FOLLETO
CARA DE INFORMACIÓN DEL MAPA DE LAS ETAPAS DEL CAMINO DEL SURESTE A SU PASO POR LA PROVINCIA DE MADRID ENTRE ESCALONA (TOLEDO) Y CEBREROS (ÁVILA) CON INFORMACIÓN DE LOS RECURSOS EN LOS DISTINTOS MUNICIPIOS. ESTE FOLLETO HA SIDO EDITADO POR LA ASOCIACIÓN DE AMIGOS DEL CAMINO DE SANTIAGO EN CADALSO DE LOS VIDRIOS CON EL PATROCINIO DE LA CONSEJERÍA DE TURISMO DE LA COMUNIDAD DE MADRID. AGRADECEMOS AL AYUNTAMIENTO DE CADALSO SU COLABORACIÓN.

viernes, 1 de mayo de 2026

POR EL CAMINO DE LAS ESTRELLAS EMPUJADOS POR LA FE.

POR EL CAMINO DE LAS ESTRELLAS EMPUJADOS POR LA FE

     Hace muchos siglos, cuando los caminos eran de tierra y los corazones aún creían en milagros, tres peregrinos se encontraron en un cruce de senderos en la vasta meseta de Castilla, no lejos de la villa de Frómista, en pleno Camino de Santiago.



     Eran tres hombres muy distintos, pero unidos por una misma fe y un mismo destino: llegar a la tumba del Apóstol en Compostela.

El primero se llamaba Teobaldo, un monje anciano que venía desde la lejana región de la Bretaña. Decía haber partido del monasterio al oír en sueños el tañido de una campana que no pertenecía a su abadía. Llevaba consigo un bastón tallado con símbolos antiguos —nudos, peces y estrellas entrelazadas— y una reliquia envuelta en lino, que nunca mostraba a nadie. Sus ojos grises parecían haber visto demasiados inviernos, pero en ellos ardía aún una llama serena.

El segundo, Martín, era un joven soldado, herido en cuerpo y alma por las guerras que había vivido. Una cicatriz le cruzaba el rostro como una sombra permanente. Buscaba redención por los pecados cometidos con su espada, pues en las noches de campamento aún escuchaba los gritos de hombres que ya no estaban en este mundo. Caminaba con la espalda recta, como si todavía respondiera a órdenes invisibles.

El tercero, Gaspar, era un campesino castellano, ancho de hombros y manos curtidas. Había prometido hacer el Camino si la sequía que azotaba sus campos terminaba. Cuando por fin llovió —tras meses de cielo agrietado y tierra cuarteada— dejó su azada clavada en la tierra húmeda y emprendió la marcha sin mirar atrás, llevando en su bolsa un trozo de pan de centeno y un puñado de la primera tierra mojada.


     Los tres peregrinos caminaron juntos durante días, cruzando llanuras interminables donde el viento silbaba como un coro invisible. Compartieron pan duro, agua escasa y muchas historias. Teobaldo hablaba de monasterios junto al mar y de manuscritos iluminados con oro. Martín relataba batallas con voz baja, como si temiera despertar a los fantasmas. Gaspar contaba cómo el trigo se inclina antes de la tormenta, como si rezara.

     

     Al llegar a Frómista, se sorprendieron por la belleza del lugar. Los campos de trigo mecían sus espigas como un mar dorado bajo el cielo inmenso. Y allí, majestuosa aun incompleta, se alzaba la iglesia de San Martín, que parecía surgir de la tierra como un sueño de piedra. Sus capiteles, aún recién tallados, mostraban bestias fantásticas, hojas enroscadas y figuras que parecían observar a los vivos con ojos de eternidad.


     Esa noche, decidieron dormir junto al canal, en la tranquilidad de un campo cercano, pero no pudieron pegar ojo. Un frío extraño descendió de repente, y una niebla espesa se levantó como si saliera del suelo mismo. De la bruma emergió una figura encapuchada, alta y silenciosa. No era ni hombre ni sombra. Llevaba una concha de vieira colgada al cuello, pero sus ojos no mostraban vida.

—¿Sois verdaderos peregrinos del Camino? —preguntó con voz grave.

Los tres hombres se miraron, y el monje fue el primero en hablar.

—Lo somos, y caminamos por fe, no por fama.

El ser los observó y señaló con un dedo huesudo la iglesia aún incompleta.

—Antes de continuar, habéis de dejar aquí una parte de vuestro ser. Solo así el Camino os dejará pasar sin cargar con más peso del que el alma puede llevar.

Dicho esto, desapareció en la niebla, dejando solo el eco de sus palabras.

     A la mañana siguiente, cuando despertaron, creyeron que había sido un sueño. Pero la niebla no se disipaba, y el frío persistía. Teobaldo, el monje, fue el primero en entender: el espíritu era un guardián del Camino, un alma errante que velaba por los que andaban con intención pura.

     Así, los tres peregrinos decidieron cumplir con lo que se les había pedido. Teobaldo, el monje, entró en la iglesia inacabada y enterró allí su reliquia: un pequeño fragmento de hueso que, según decía, pertenecía a uno de los discípulos del Apóstol. Al dejarlo, dijo: "Que aquí florezca la fe de los caminantes." En ese instante, la niebla se retiró de parte del campo, como si saludara su ofrenda.

     Martín, el soldado, se arrodilló frente al altar aún en construcción y clavó allí su espada, hincándola entre las piedras como si dejara su pasado para siempre. "Ya no mataré por mandato humano, sino que viviré por mandato divino." Al hacerlo, sintió que el peso en su espalda desaparecía.

    Gaspar, el campesino, sacó de su bolsa un puñado de tierra húmeda de su aldea, que había traído como símbolo de su promesa cumplida. Lo depositó en el umbral del templo y dijo: "Que la tierra dé fruto a los que tienen fe." Justo en ese momento, una flor blanca brotó entre las piedras.

     La niebla se desvaneció por completo, y una luz cálida bañó la iglesia. En el cielo, un grupo de aves cruzó en formación, como señal divina.

Desde ese día, los tres peregrinos continuaron su camino hasta Santiago, pero la historia de su paso por Frómista se quedó en la tierra y en las piedras. La iglesia de San Martín fue terminada poco después, y algunos dicen que, al caer la tarde, si uno se sienta en silencio junto al altar, puede escuchar los pasos de tres hombres y el murmullo de una voz que aún pregunta:

—¿Sois verdaderos peregrinos del Camino?

Así nació la Leyenda de los Tres Peregrinos de Frómista, una historia que los lugareños aún cuentan a los peregrinos curiosos, y que recuerda que en el Camino, más que los pies, camina el alma.

    TEXTO FINALISTA EN EL VI CONCURSO DE RELATO CORTO organizado por la Asociación del Camino de Santiago en Cadalso de los Vidrios.


 Autor: Antonio Gavilanes Pérez, hospitalero del Albergue de peregrinos de Tordesillas.